Presentación de “Cinco esquinas” de Mario Vargas Llosa en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, 7 de marzo de 2016*

Mario Vargas Llosa: Estuve dándole muchas vueltas al título, ya tenía la novela muy avanzada, y de pronto se me ocurrió ese título que es un barrio de Lima- Cinco esquinas-, un barrio que tiene un cierto simbolismo porque en la época de la Colonia  era prácticamente el centro de la vida colonial- ahí estaban las mejores iglesias, los mejores conventos. Luego el barrio decayó, se empobreció muchísimo y a los comienzos del siglo XX hubo como una desconexión en relación con la música criolla: ese barrio fue padre de compositores, grupos musicales, de guitarristas, de cajoneadores- de ahí procede un famoso compositor que se llama Felipe Pingo. Y entonces ese barrio, de ser un barrio importante, de ser un barrio de una gran vitalidad- todos los aficionados a la música criolla iban a las campiñas, a las peñas de Cinco Esquinas, fue decayendo- ahora es un barrio muy peligroso por el narcotráfico. Entonces me pareció que este barrio donde viven, donde además han nacido algunos personajes de la historia, la representaba de alguna manera simbólica.

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Montserrat Domínguez y Mario Vargas Llosa en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, 7 de marzo de 2016 / Marta Jara

La idea inicial está relacionada con una característica creo que bastante propia de la dictadura de Fujimori- la utilización que hizo el régimen del periodismo amarillo, del periodismo de escándalo para incriminar a los opositores o para castigar a sus críticos hundiéndolos en escandalosas y muchas veces inventadas actuaciones como depravados sexuales, como pedófilos, como embaucadores, como traficantes de drogas, y calumnias que los hundían: los ponían en ridículo o en la vergüenza y  esto fue lo que hizo el brazo derecho de Fujimori, que era Montesinos: un personaje que tienen todas las dictaduras religiosas, militares, ideológicas… siempre detrás del déspota hay una figura en la sombra que es el que se ocupa de la seguridad es el que se llena las manos de sangre. Generalmente una persona que ha descubierto, en función del oficio que realiza, su talento su capacidad de ejercer el mal. Este fue el caso de Montesinos- él utilizó la prensa amarilla y no solamente la utilizaba, la financiaba y en muchos casos él mismo ponía los titulares a los cabeceros, ponía muy buenos titulares escandalosos, en letras rojas y amarillas que luego eran colgados en los quioscos delante de la gente que pasaba. Y  eso fue una operación sistemática que hizo durante muchos años.

Yo fui una de las víctimas: había un programa en la tele, donde había psiquiatras, había un psicólogo, un sociólogo y decían a las señoras: “Que sus hijos se alejen: ¡van a escuchar ustedes cosas terribles!”, y leyeron muchos párrafos de un libro mío –Elogio de la madrastra– entonces lo que se trataba de esclarecer allí era cuál era el grado de depravación de la mente que había escrito ese libro. Entonces mi idea era escribir una novela sobre ese aspecto de la dictadura: la manera tan sistemática como se utilizó. Y empecé a escribir la historia con una estructura más bien policial, la idea era que la novela pareciera un thriller, una búsqueda del responsable de un asesinato de un periodista que justamente es un periodista escandaloso, un gran especialista de amarillismo. Pero poco a poco, digamos, el ingrediente político fue comiéndose la estructura policial y al final la novela resultó ser muy distinta de lo que yo había planeado al principio- un fresco de la sociedad actual desde digamos su cúspide, hasta la parte más humilde. Y siempre en función del periodismo amarillo, del periodismo escandaloso.

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El lenguaje de Cinco esquinas es un lenguaje que tiene que expresar las grandes diferencias sociales, culturales, económicas de los personajes. Bernard Shaw decía de los londinenses que oyéndolos hablar, él podía saber exactamente a qué colegio habían ido, a qué estrato social pertenecían, qué clase de profesión ejercían, incluso el barrio y la calle donde vivían. En Perú la cosa no es tan diversificada, pero sí hay una gran diferencia en la manera de hablar de los limeños de alta clase social, los limeños de clase media y los limeños de barrios humildes, los limeños que no son limeños- los que han venido de la sierra y que han conservado todavía su acento cerrado, o los muchos provincianos. Aunque nunca he querido hacer folklore en la creación de los personajes, creo que es muy importante diferenciar su manera de expresarse y su manera de hablar. Porque la manera de expresarse es una manera de ver el mundo, de entender la realidad, pero sin que sea llamativo, sin que la forma se convierta en el fondo de la historia. La literatura folklórica nunca me ha atraído, por el contrario siempre la he rechazado mucho porque me parece que es una gran deformación de la realidad pintar a una persona por lo que tiene de pintoresco, de anómalo. Las experiencias del lenguaje sí me parecen importantes, porque son diferencias de manera de ser, manera de ver la vida, manera de comportarse, en el lenguaje se expresa con una intensidad enorme la manera de vivir de la persona.

La Retaquita es un personaje con el que tengo una relación muy especial. Siempre me ha pasado con las novelas que he escrito que los personajes, tal como los concibo, resultan diferentes en la historia. Pero aquí, con el personaje de la Retaquita me pasó de una manera mucho más tardía. Ella iba a ser un personaje menor, una periodista de un periódico amarillo, con un cierto talento para la chismografía, para la banalidad, las informaciones de escándalo muy malas, pero el personaje se me fue imponiendo como algo distinto, más complejo que ese instrumento del amarillismo. Fue adquiriendo una especie de personalidad, y ya no me permitía a mí hacerlo igual solamente de esta manera tan marginal, tan secundaria en la historia. La actitud hay momentos que me entusiasma un personaje que, digamos, tiene libre albedrío, que exige que se respete su personalidad. Entonces empecé a darle una filtración mucho mayor a la Retaquita, y la Retaquita un poco en broma, de mala se volvió buena. Y al final muestra que había en ella unas reservas de valentía de heroísmo, porque ella termina al final redimiendo su oficio, redimiendo su profesión, y mostrando que el periodismo no solamente puede ser esa basura, sino que puede tener una línea idealista, generosa, a través de la cuál una sociedad que está padeciendo una experiencia tan negra de una dictadura puede rehacerse a sí misma, cambiar de piel. Es un personaje que termina seduciendo, literalmente, dándole a la novela un matiz completamente distinto del que yo había planeado.

El personaje de Juan Peineta es un personaje que ha fracasado, él cree que fracasó precisamente porque renunció de ser recitador para hacer de cómico en un programa televisivo. Entonces él piensa que su gran fracaso en la vida es su traición a la poesía, al arte de la recitación que él cultivaba con tanta pasión. Pero a la vez es un hombre ya mayor, enfermo, que comienza a padecer de confusión mental, y ese es el hombre que la dictadura de alguna manera escoge como chivo expiatorio. Ese es un aspecto terrible de la dictadura, de todas las dictaduras sin excepción- la cantidad de inocentes, que son sacrificados por esa maquinaria que por supuesto no diferencia entre que utiliza a los seres humanos y es lo que le pasa al pobre Juan Peineta. Los personajes a veces los tengo por ciertas acciones que quiero que hagan y luego una cara, unos rasgos. A veces tengo un nombre, y en el caso de Juan Peineta tenía al principio un nombre, me gustaba mucho el nombre que se llamaba Juan Peineta, tenía que ser un personaje un poco ridículo, es un personaje que tiene que tener una facha de acuerdo con su nombre, que llama la atención, sorprende, que es anómalo, hay una anomalía en él, entonces pues decidí que fuera recitador. Y también como la Retaquita, es un personaje que iba a ser pintoresco pero me fue ganando y se fue convirtiendo en un personaje patético, en un personaje que despierta mucha más solidaridad y conmiseración que el sentido del ridículo. El caso terrible de la dictadura de Fujimori, de todas las dictaduras sin excepción, es que hay tantos Juan Peinetas inocentes que terminan siendo triturados por esa maquinaria que establece la dictadura en la que el ser humano se convierte en objeto, utilizado indistintamente para ciertos fines aun cuando por ello tengan que sufrir.

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Lo más sorprendente aquí, es que estas dos amigas ambas están casadas, que tienen muy buenas relaciones con sus maridos y que jamás a ninguna de ellas se le pasó por la cabeza ni siquiera la idea de una experiencia sexual con una persona de su mismo género. Ninguna de ellas siente ningún tipo de frustración ni en su familia ni en su vida sexual.

El sexo es un ingrediente central de la experiencia humana. Una novela expresa siempre una sociedad en movimiento, aunque tenga muy pocos personajes o aunque tenga un solo personaje, una novela expresa siempre una sociedad, los personajes de una novela es una sociedad en movimiento, experiencias humanas en general. Creo que la experiencia sexual es una experiencia fundamental, de ninguna manera excluyente, pero sí fundamental y central en la existencia de los seres humanos. El sexo está muy presente en esta historia de distintas maneras, yo creo que es un sexo en muchos casos exacerbado, por el entorno en el que viven esas personas con una gran inseguridad, sabiendo que pueden ser víctimas en cualquier momento de un acto terrorista, morir sin saber quién los mata –si son los del Sendero Luminoso, si es el ejército… Todo eso genera una especie de exasperación, muchas veces el sexo lo aprovecha, lo canaliza, yo creo que ese es el sexo que aparece sobre todo al principio de en la novela. Pero siempre es tratado con mucho cuidado el tema sexual, porque es uno de los temas por los que una novela se puede desplomar y perder el poder de persuasión que debe tener una novela. Es un tema tan susceptible de provocar una reacción negativa en el lector y yo creo que tiene que ser tratado con enorme cuidado, con enorme delicadeza, para no provocar esa incredulidad en el lector, que mata a una novela.

Yo creo que en la conducta sexual de las personas se expresa también cierto nivel de cultura, de civilización, de erotismo, es una forma de vivir, el sexo exige inevitablemente un alto nivel de civilización, porque el erotismo no existe en pueblos primitivos, ni en familias, ni en parejas incultas, yo creo que el erotismo es una teatralización del sexo, una desanimalización del sexo. El sexo deja de ser un puro desfogue del instinto para convertirse en un goce en el que participan no solo el sexo, sino también participan la vista, participa el oído, participa la cultura, el conocimiento, las artes prestan una ayuda fundamental a esa teatralización que rodea al erotismo. Y al mismo tiempo si hay algo del desarrollo humano, la subcultura humana se manifiesta en toda su brutalidad, en todo su primitivismo es en el sexo. Entonces son distintas funciones que cumple el sexo en la historia como en la vida de la persona. Creo que el erotismo es lo opuesto a la pornografía.

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Mario Vargas Llosa en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, 7 de marzo de 2016 / Marta Jara

 

*Texto redactado a partir de la grabación de la entrevista de Montserrat Domínguez con Mario Vargas Llosa. Debido a la calidad de la grabación ha sido imposible incluir las preguntas de la periodista, por lo que ofrecemos una disculpa a los lectores.

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