Autoficción #1 Julio

 

Este podría ser un martes cualquiera. Y Dios es testigo de que desearía con toda mi alma que así fuera. He sido la primera en llegar a la oficina, y sabiendo que iba a estar sola y sin supervisión alguna me he traído mi diario. Lo escribo a mano y en ucraniano, haciéndome la interesante digo que es por practicar el idioma y la escritura en cirílico. Mentira cochina. La verdad es que no me gustaría que alguien se enterara de su contenido. He ficcionado un ser bueno a mi imagen y semejanza y tengo fe en que llegará un día en el que se producirá la simbiosis entre mi interior y ese exterior creado.

Pero sabía que no iba a escribir en el diario, no quería mancillarlo con estas reflexiones. Tengo pensamientos que me pesan y que necesito sacar de mi cabeza para poder dormir en paz. O al menos dormir.

WOIS7508¿Te acuerdas de aquella tarde? Tumbados en una hamaca me preguntaste si para mi eras una aventura. De ninguna manera. Fue más bien mi forma de querer. Porque te quise, claro que te quise. A mi manera: exagerada, pasional, desenfrenada y loca. Me entregué en mi totalidad y locura y disfruté cada segundo de aquella época- podía llegar tan lejos como quisiera y por si no te has dado cuenta- mi forma de querer no conoce límites.

Es un querer particular. Quizás asuste. Pero no conozco otro. Viste lo más auténtico de mi, lo más carnal y transparente. No pensé ni en el futuro ni en las consecuencias y me empapé de cada instante de aquella vivencia, de aquella aventura, sí, ha sido lo más aventurero que hice nunca. Pero mi querer es un querer particular. Es retroactivo. Empático. Recibirás lo que proyectas. No sé si me fastidia más el hecho de que te has vuelto distante o el que las realidades con las que fantaseaba se han vuelto agridulces.

Podría, desde mi ser femenino, dedicarme a buscar explicaciones a tu comportamiento. Justificarlo. Pero desde mi ser masculino la única justificación que se me ocurre es que tú también eres un aventurero. Y quizás no estés acostumbrado a no ser tú el que lleve el itinerario de la aventura.

Quiero que sepas que te quise. Apasionadamente, sin restricciones ni etiquetas. Hubo un instante en el que quise una vida contigo. Y en ese preciso instante, desde la empatía, el camino se fue dashaciendo y ahora me queda un recuerdo precioso de ti y de los momentos que pasamos juntos. Tu paso por mi vida ha sido breve, pero has dejado una huella más profunda que muchas personas que han permanecido en ella por temporadas más largas.

No sé si quiero volver a verte, creo que será enturbiar recuerdos tan ligeros y limpios que parecen pintados con acuarelas. Tengo curiosidad, claro que la tengo. Y a pesar de que lo niege, me gusta seguir fantaseando sobre que me envías flores a la oficina o que vienes a Barcelona a verme. Pero ningún verano es un verano de verdad sin un romance. Por eso existen los amores de verano- no los hay ni otoñales ni de invierno. La pasión se enfría con el paso estacional, asemejándose la temperatura de la sangre a la del ambiente.

Quizás me resistí a escibir estas líneas en el diario por no pensarlos en mi idioma materno, por no interiorizarlos y no crearme falsas ilusiones. Quiero pensar en ti como en un bonito recuerdo. Porque tu recuerdo es tan frágil que resulta muy fácil quebrarlo. Una dosis de realidad, siendo nuestras realidades tan intensas, podría destruirla.

Y Dios es testigo de que desearía con toda mi alma que así fuera. El caso es que no soy creyente y, al parecer, no tengo alma.

Везель

Una dosis de “Serotonina”

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La conmoción duró toda una eternidad. No sabía si reír o llorar, y ambas reacciones por el mismo motivo: por fin alguien expresó por escrito pensamientos que a mi me daba miedo verbalizar. Me guardaré los pasajes en cuestión, dado que estas líneas serán leídas por personas que me conocen personalmente. Y aquellos que me conocen de verdad y han leído la obra sabrán a lo que me refiero.

No es una lectura fácil. No es accesible para cualquiera. Es machista y políticamente incorrecta. Es complicado establecer un vínculo de empatía con el personaje principal, pero en el momento en el que ocurre esta simbiosis- pasas a aceptar los rincones más oscuros de su alma. Y lo más egoístamente terapéutico- dejas de castigarte por los tuyos propios. La historia y las divagaciones te llevarán a un lugar que dice ser Francia, pero en realidad podría ser cualquier ciudad. Cualquier lugar en el que uno ha crecido, caminado y tropezado. E hizo lo imposible para levantarse.

Y ojalá que los editores de hoy en día cuenten con la sensibilidad requerida para tal oficio: la tensión de un relato tan psicológicamente intenso y brutal es insostenible cada vez que en el horizonte narrativo aparece el médico de cabecera del protagonista. El doctor Azote. Y no, no se trata de una alusión sadomasoquista, aunque bien podría ser una jugada digna siempre y cuando fuera premeditada. La nota aclaratoria del traductor reza que “«Azote» significa «nitrógeno» en francés”, y digo yo, señor Zulaika, ¿ha probado Usted incrustar la palabra “gifle” en el contexto original?

A pesar de que este azote en la mente lectora es digno de pasar a la lista de las deficiencias más funestas en la historia de la traducción, suplico al intrigado lector hacer un esfuerzo por mantener el pacto de ficción. Porque la historia merece la pena.

Toulouse-Lautrec en Montmartre

Francia, finales del siglo XIX. Mientras las letras describen con tonalidades obscuras la crudeza de la vida de las clases bajas, las coloridas pinceladas impresionistas se erigen para exteriorizar el lado subjetivo de la existencia vista por el artista. Expresión versus impresión, el arte explora la vida y al ser humano frente a ella.

Y el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, tiene una peculiaridad que lo hace único- escapar de las ordenes dictadas por una técnica imperante es sinónimo de éxito. Sobre todo cuando el resultado encuentra eco en la sociedad- sea ella lectora o espectadora.  La litografía revolucionó el mundo de la impresión, y los primeros cartelistas hicieron magia. Alphonse Mucha, Jules Chéret o Henri de Toulouse-Lautrec eran artistas, y sus obras- arte (me reservo el derecho de no entrar en debate acerca del papel que juega la superficie en el valor artístico de una obra, ya sea esa un lienzo o una plancha metálica).

Y si hace un año el Palacio de Gaviria (Madrid, España) acogía las obras de Mucha, este año CaixaForum de Barcelona expone las de Henri de Toulouse-Lautrec. Como la afortunada asistente a ambas creo que esta última merece una mención especial, y no solo porque todavía se pueda visitar (hasta el 20 enero de 2019). Se trata de una exposición basada en Montmartre y la bulliciosa actividad artística que recorría sus calles hacia los cabarets, cafés y teatros. Esa vida bohemia parisina sin la que es inconcebible un Toulose-Lautrec, un Van Gogh o un Cézanne. El acento está puesto en el contexto en el que los artistas del cartel publicitario crearon y recrearon la sociedad del momento. ¿Acaso no es el cometido principal del arte explorar la vida?

Y para todos aquellos que después de la exposición sientan la necesidad de volver a Montmartre de principios del XX, pasar una velada en compañía de Toulouse-Lautrec y La Goulue- os invito a hacerlo de la mano de John Huston en Moulin Rouge (1952).

Clare Mackintosh: “No quiero ser la responsable de una crisis de Metro”

2 millones de personas. Ésta es la cifra aproximada del número de viajeros diarios del metro de Madrid. Rastreamos el trayecto más corto para nuestros quehaceres diarios y al recorrerlo, nos sumergimos en nuestra burbuja sin levantar la mirada del teléfono móvil. ¿Con quién compartimos el vagón del tren? Después de Te estoy viendo de Clare Mackintosh ningún viaje volverá a ser rutinario.

Como parte de su día a día, Zoe Walker coge el metro para ir a trabajar. La vida de Zoe no destaca por nada especial- a sus cuarenta años vive con sus dos hijos y su pareja en una casa adosada en Londres y disfruta del tiempo que pasa con su familia y amigos. Una noche, tras una larga jornada en la oficina, la mujer se acomoda en su sitio estratégico del vagón del metro con un ejemplar de The London Gazette. Una rápida ojeada a las noticias de actualidad. Sin embargo, la última página del periódico aguarda una siniestra sorpresa para Zoe: en la sección de anuncios de contactos encuentra publicada su propia fotografía. Un hallazgo fortuito, que marcará un antes y un después en su vida.

Clare Mackintosh irrumpe con Te estoy viendo, un thriller que deja huella. No se podía esperar menos de una autora que trabajó durante doce años en el departamento de investigación criminal de la policía británica. Sin embargo, el lector no encontrará un exceso de escenas sangrientas ni violencia extrema. Una sutil inquietud se introduce en la mente en cuanto los ojos recorren las primeras líneas del relato, y va in crescendo hasta la última página. Cada vez que crees saber quién es el titiritero que tensa los hilos de la escena, tus conjeturas quedan desbaratadas por un giro de acontecimientos.

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“Hago transbordo en Whitechapel, para coger el tren suburbano hasta Crystal Palace. Al ir caminando oigo pisadas detrás de mí. No difieren de otras; se oyen pisadas por todas partes en el metro, el sonido hace eco al rebotar contra las paredes, se amplifica y se prolonga hasta dar la sensación de que hay docenas de personas caminando, corriendo, pisando con fuerza.

Sin embargo, lo logro dejar de pensar que estas pisadas son distintas.

Que son de alguien que viene a por mí.”

En Te estoy viendo hay tan solo una cosa que pueda competir con la calidad del argumento, y es la manera de narrarlo a través de dos mujeres: la víctima Zoe Walker y la policía Kelly Swift. ¿Cómo la escritora consiguió lograr un dialogo tan eufónico? Esta vez he tenido la oportunidad de preguntárselo a la misma Clare.

Écfrasis: El “yo” de la historia es precisamente Zoe Walker, la víctima. ¿Te ha permitido este enfoque intensificar la situación de agobio?

Clare Mackintosh: Me encanta escribir en primera persona, ya que permite al lector adentrarse directamente en la cabeza del protagonista. Cuando ese personaje es la víctima, crea un ambiente realmente intenso y espeluznante, perfecto para un thriller psicológico. Los capítulos del personaje de la policía están escritos en tercera persona para un punto de vista más objetivo que refleja la forma en que los policías llevan la investigación. Esta estructura le proporciona al lector una perspectiva más amplia de la investigación.

Écf.: Desde el punto de vista de una ex-policía, ¿realmente la rutina puede llegar a ser tan peligrosa?

C. M.: Sí, creo que la rutina es peligrosa por muchas razones. Si haces lo mismo todo el tiempo- dejas de prestar atención. ¿Cuántas veces has llegado a casa después de recorrer tu ruta habitual a pie o en coche sin tener recuerdos precisos sobre el trayecto? Nos volvemos ajenos a lo que nos rodea, lo que significa que somos más vulnerables. Si eres predecible- otras personas pueden hacer un estudio de tu comportamiento rutinario y úsalo en tu contra.

Écf.: Si tuvieras que identificarte con un personaje, ¿con cuál sería: Zoe Walker o Kelly Swift?

C. M.: Hay elementos de mi propia personalidad en cada personaje que creo, pero probablemente me parezco más a Kelly que a Zoe. ¡Mi vida es mucho más impredecible que la de Zoe!

Écf.: Clare, ¿crees que la ficción se inspira en la realidad?

C. M.: Sí, sin lugar a duda. Al igual que la mayoría de los escritores, observo continuamente a la gente, escuchando sus conversaciones e inventando historias sobre ellos. Las ideas puedes surgir de artículos periodísticos, documentales o anécdotas contadas por amigos.

A punto de terminar la entrevista, le confieso a la autora que después de la historia de Zoe Walker estoy más alerta cuando uso el transporte público: “¡Creo que mis trayectos no serán los mismos a partir de ahora!”, “¡No me gustaría ser la responsable de una crisis de Metro!”- bromea Clare.

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“De profesión, lingüísta” ¿Realidad o mito?

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Según la RAE, la lingüística es la ciencia del lenguaje. Junto con la definición aparecen algunas de sus ramificaciones- la lingüística aplicada, la comparada, la computacional, etc. ¿Se ha preguntado a qué se dedica un lingüista?

El estudio del lenguaje, así como el de los números abarca lo inabarcable, extendiéndose a otras disciplinas. Se trata de dos de las ciencias más útiles, que combinadas forman la lingüística matemática, entra cuyas aplicaciones está formalizar el lenguaje y favorecer Processed with VSCO with a6 presetel desarrollo de herramientas como Google Translate o WordReference.

El catedrático del Departamento de Filología Catalana de la Universidad de Barcelona y autor de esta obra “De profesión, lingüista”, Lluís Payrató realiza un recorrido histórico de la disciplina, mostrando su florecimiento durante la segunda mitad del siglo XX. Dicho crecimiento ha sido muy notable- la asombrosa multiplicidad de sus funciones queda reflejada en todas las ramas interdisciplinarias en las que la lingüística aplicada es la co-protagonista. Y es que el destino de un estudiante del lenguaje ya no se limita únicamente a la docencia.

Es una lectura recomendada para todos aquellos que están a punto de matricularse en una carrera relacionada con el lenguaje, ya que les permitirá visualizar el panorama actual de la ciencia. Lo es para todos los filólogos, lingüistas y docentes que terminaron sus estudios y creen haber explotado todas las opciones laborales que les proporciona su título. Y lo digo con conocimiento de causa.

Un cuento de hadas para adultas

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Érase una vez una mujer llamada Silvia. Vivía en la mágica Paris, se dedicaba a la ciencia y tenía una relación amorosa. Lo feo del cuento es que su pareja, con quien compartió los últimos tres años de su vida, estaba casado. Las eternas promesas de dejar a la esposa para comenzar una vida feliz junto a Silvia se quedaron sin fundamento tras unos alarmantes incidentes. Con la finalidad de recuperar su estabilidad la protagonista IMG_20170625_102022_408recurre a un método poco convencional: la biblioterapia. ¿Conseguirá Silvia encontrar la respuesta en las páginas de los libros?

Espérame en la última página es una novela entretenida, divertida y con un argumento muy fresco e inspirador. La sutil mezcla de notas detectivescas y las propias de la literatura fantástica convergen en una historia que rescata al lector de la realidad, devolviéndole la fe en la magia. ¿Qué mejor compañero para estas vacaciones?

¿Es posible sobreinterpretar una obra literaria? Parte II

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II

Desde el enfoque semiótico Umberto Eco reconoce la existencia de una pluralidad de posibles lecturas:

la tarea de un texto creativo es presentar la contradictoria pluralidad de sus conclusiones, dejando a los lectores la libertad de elegir. En este sentido un texto creativo es siempre una obra abierta. […] acepto la afirmación de que un texto puede tener varios sentidos. Rechazo la afirmación de que un texto puede tener todos los sentidos.

Un texto creativo u obra literaria ofrece respuestas al lector, a la vez que le plantea nuevas preguntas. Una de las observaciones que hace Christine Brooke-Rose en su intervención consiste en que estamos ante una continua reescritura sobre las mismas cuestiones. ¿No es acaso una de las finalidades de la literatura? Imaginamos lo que haya podido ocurrir en el pasado –un pasado tal y como lo conocemos- o lo que puede ocurrir en el futuro. Las preguntas eternas son eternas porque carecen de respuesta, la respuesta reside en la búsqueda, y una de las maneras de realizar esa búsqueda es a través de la literatura, tal y como apunta Hayden White:

Lejos de ser la antítesis de la narrativa histórica, la narrativa ficcional es su complemento y aliado en el esfuerzo humano universal por reflexionar sobre el misterio de la temporalidad. De hecho, la ficción narrativa permite al historiador percibir con claridad el interés metafísico que motiva su tradicional esfuerzo por contar “lo que realmente sucedió” en el pasado en la forma de relato.

Por otra parte, Richard Slotkin está a favor de presentar la historia usando técnicas literarias con el fin de darle vida. White apoya las consideraciones de Slotkin, ya que «[…] por una parte “la escritura de la historia requiere una representación ficticia o imaginaria del pasado” y, por otra, […] “la escritura de la ficción histórica puede ser un valioso complemento para el trabajo de los historiadores en su disciplina”.».  En esta línea podemos considerar la afirmación de Umberto Eco de que la curiosidad es la fuente de todo conocimiento- gracias a Rossetti sabemos con certeza de la ausencia de la temática rosacruz en Dante. La conjetura de Rosseti sería más fructífera si éste negara la hipótesis de partida o empleara la reducción al absurdo, no obstante el resultado de su investigación ejemplifica la importancia de los factores extratextuales.

Como afirma Jonathan Culler, nuestra interpretación no debe de sentirse intimidada por el tendencioso prefijo “sobre-“. A la hora de interpretar un texto literario es necesario tener en cuenta muchos factores extraliterarios, independientemente del enfoque elegido, así como un planteamiento crítico y objetivo. De esta manera, una conjetura –planteada de manera razonada- que prueba lo contrario de la hipótesis inicial es igual de fructífera que la que lo confirma. De la distinción que hace Umberto Eco entre “interpretar un texto” y “usar un texto” se deduce que es el “uso de un texto” que puede llevar a la sobreinterpretación.  En esta línea, y a pesar del intento de desdibujar la diferencia entre “interpretar” y “usar”, Richard Rorty usa la novela de Umberto Eco El péndulo de Foucault para «los propósitos de su razonamiento filosófico o para su propia estrategia retórica». Sin embargo, el hecho de que la novela no haya cumplido con el horizonte de expectativas de Rorty probablemente signifique que su lectura ha sido condicionada desde el principio por haber sido escrita por Eco.

El autor debe ser responsable para con el texto que deja a la posteridad, así como para con el lector. Si la obra literaria cumple con el pacto de ficción, la vivencia de la ficción no se verá amenazada por el hecho de que un lector se planteará preguntas sobre lo que cuenta el narrador. La interpretación, tanto denotativa como connotativa, está influenciada por factores extratextuales particulares para cada lector, y siempre y cuando es razonable y razonada son escasos los motivos para descartarla.

¿Es posible sobreinterpretar una obra literaria?

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De singular naturaleza es el ejercicio que propone Umberto Eco para las conferencias de Tanner. Delimitar la interpretación o las interpretaciones posibles de una obra literaria. ¿Es posible sobreinterpretar un texto? ¿Y una obra literaria? ¿Qué es la literatura y cuál es su finalidad? Como dijo Bernard Werber a través de su personaje Edmond Wells, entre aquello en lo que estoy pensando, aquello lo que quiero decir, aquello que me parece que estoy diciendo, aquello que digo y aquello que Usted quiere escuchar y aquello lo que le parece que oye, aquello lo que quiere entender, y lo que al final entiende existen diez opciones de que surja un malentendido. Aun así vamos a intentarlo.

Una de las maneras de concebir la literatura es hacerlo como una forma de comunicación según la planteó Jakobson. Algunos críticos y teóricos estarán en desacuerdo ante tal cuadro, no obstante, este planteamiento permite una interacción entre el autor, la obra, el receptor y el contexto. Son variables a tener en cuenta independientemente del valor asignado a cada una de ellas. Si partimos de la idea de que una obra literaria puede ser interpretada, nuestro objeto de estudio será el proceso de comunicación planteado desde la convicción semiótica.

Desde esta perspectiva, Umberto Eco cuestiona la libertad que el receptor tiene para interpretar una obra. A menudo Eco habla de comunicación cotidiana y de textos literarios para ejemplificar una intención –ya sea por parte del autor como por parte del texto-. Sin embargo, se trata de dos formas de comunicación diferentes: en la cotidiana el emisor y el receptor comparten muchos más elementos que mencionó Jakobson que en la comunicación literaria. Por lo tanto, el hecho de que tanto el código como el contexto sean las realidades que comparten el emisor y el receptor –puede reducir las mal-interpretaciones del mensaje. No obstante, si se trata de la comunicación literaria la problemática se extiende. No sólo la diferencia radica en compartir o no el contexto –la situación ideal en la que hacía hincapié Lotman-, sino también en que el mensaje es concebido como el sistema modelizante secundario.

Umberto Eco alude a la búsqueda de la semejanza en el proceso interpretativo de los elementos que forman este sistema. La asociación entre el águila y Júpiter se producirá en el nivel connotativo y, por lo tanto, hermético. Sin un conocimiento de la simbología pagana esa relación de semejanza pasará desapercibida. Por lo tanto, si la literatura es un proceso de comunicación, nos podríamos preguntar a quién se dirige. ¿A un estudioso capaz de establecer la semejanza o a un lector al que dicha codificación le produce el extrañamiento desvío?IMG_20170519_093425_197

El autor al escribir su obra puede tener en mente a un lector ideal. Sin embargo, no puede prever en qué contexto será leída y si será el lector ideal quien lo hará. Probablemente Garth Williams no escribió The Rabbit´s Wedding (1958) con la intención de tematizar el matrimonio interracial, no obstante la interpretación del bibliotecario de Alabama puede considerarse errónea atendiendo a los diferentes contextos del autor y del lector. El planteamiento de Umberto Eco es interesante en cuanto a la intervención del autor empírico sobre las interpretaciones de sus obras, sin embargo, ¿hasta qué punto el autor empírico es honesto en sus intervenciones? ¿Cuántos autores negarán un descubrimiento interpretativo puramente casual que les puede prometer la fama?

Ante la duda recurrimos al recurrente inconsciente del autor empírico. Indudablemente, existe una estrategia textual del autor empírico que difiere de la historia del desarrollo de esa estrategia textual, tal y como postula Eco. Sin embargo, partiendo de ésta premisa, al hablar del autor empírico que puede interferir en las interpretaciones de su obra y relegar al inconsciente, tenemos que tener en cuenta que es un autor cuyo conjunto de obra artística no está cerrado. Al estar vivo el autor y al existir la posibilidad de que siga escribiendo puede ocurrir que las interpretaciones que él considera poco útiles o irrelevantes cobren importancia posteriormente en el conjunto cerrado de su obra.

 

“El libro negro del emprendedor”: ¿nos ha engañado el autor?

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Emprender. Una acción, cuya motivación más directa carece de un origen específico. Ya sea por pasión y vocación o como consecuencia de un cambio imprevisto en la situación económica personal, la decisión de emprender un negocio no se debe de tomar a la ligera.

En El libro negro del emprendedor Fernando Trías de Bes repasa punto por punto aquellos aspectos que un emprendedor novel debería de tener cuenta. El lector no encontrará dentro de este volumen ni lecciones de contabilidad ni un mapa del tesoro para la inversión inicial, tan solo consejos y advertencias tanto por parte del autor como por la de los emprendedores de éxito. Y es que muchas veces un sabio consejo recibido a tiempo es infinitamente más valioso que unos activos mal empleados.

Dividido en catorce asaltos, como si de un combate de boxeo se tratara, el autor enfrenta al aspirante a emprendedor con los factores claves de fracaso. La idea consiste en que el lector conozca la peor y la imprevisible parte (salvando mucho las distancias) de poner en marcha un negocio.

Compartir la idea del negocio o evitar asociarse son tan solo algunos de los puntos polémicos que expone y razona Trías de Bes. Desde mi experiencia personal, la credibilidad de los argumentos hubiese sido mayor si el autor no optara por una nota preliminar para comenzar el libro, en la que a lo largo de 15 páginas (el volumen cuenta con 180) justifica larga y reiteradamente su derecho de aconsejar a un emprendedor. Y aunque algunas de las cuestiones invitan a reflexionar sobre la materia, la nota preliminar predispone a recibir los consejos con escepticismo. Resulta inoportuno buscar la redención antes de ser acusado- una práctica que pone en evidencia al autor y en duda el texto.

Por otra parte se manifiesta oportunista que Trías de Bes ofrezca a los lectores a “votar y exponer su parecer a favor y en contra de las afirmaciones que aquí [en El libro negro del emprendedor] realizo” en una página web (www.triasdebes.net.) en la que éstos encontrarán tan solo un contenido publicitario de las publicitario de las publicaciones del autor.

Si bien el ejemplar que he utilizado es un préstamo bibliotecario (en el caso de haberlo adquirido me habría sentido engañada), El libro negro del emprendedor cuenta ya con diez ediciones a día de la publicación de esta reseña. Es evidente que el número de ediciones de una obra condiciona favorablemente el éxito de ésta, no obstante, para no sucumbir al engaño considero necesario interesarse por la tirada de cada una de ellas. Lo he hecho y fracasé- al parecer se trata de un dato, cuyo acceso no está al alcance de un lector curioso.

En definitiva, se trata de un libro entretenido y de lectura ligera, aunque ciertamente peca de reiterativo, rozando el estilo de las publicaciones de autoayuda.

La otra vida de Bolaño: reseña de “Los detectives salvajes”

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«Déjenlo todo, nuevamente láncese a los caminos.»

Roberto Bolaño, primer manifiesto infrarrealista. México, 1976.

Hay escritores, cuya vida y obra son inseparables. Es imposible entender la una sin la otra, los límites entre la realidad y la ficción se difuminan, cediendo al escritor todo el poder sobre su verdad. Roberto Bolaño es uno de esos escritores prodigiosos, cuya pluma suple las carencias espacio temporales de esta vida para brindar una coexistencia de hechos posibles. ¿Alguna vez se han preguntado cómo sería su vida si las circunstancias fueran favorables para haber tomado otro camino?

Publicada en el año 1998, Los detectives salvajes ha sido alabada por numerosos críticos y teóricos de la literatura. El día 2 de noviembre de 1998, un jurado compuesto por Salvador Clotas, Juan Cueto, Paloma Díaz-Mas, Luis Goytisolo, Esther Tusquets y el editor Jorge Herralde, otorgó el XVI Premio Herralde de Novela, por unanimidad, a Los detectives salvajes. De esta manera, Roberto Bolaño se convertía en el primer escritor chileno en ser galardonado con el prestigioso premio.

En Los detectives salvajes Bolaño ficciona su propia existencia. A lo largo de seiscientas páginas, junto con su amigo, el poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro, el autor recorre el planeta en busca de una misteriosa escritora desaparecida. Los protagonistas, Arturo Belano (el alter ego literario de Roberto Bolaño) y Ulises Lima (Mario Santiago Papasquiaro) descubren un poema, el único poema publicado de Césara Tinajero. Como resultado de esta enigmática obra surge un movimiento poético vanguardista llamado realismo viscelar, cuya principal característica consiste en “la desconexión transitoria con cierto tipo de realidad”. La búsqueda emprendida por Belano y Lima ocupa el último cuarto del siglo XX, es una búsqueda que abunda en viajes, sueños, frustraciones, en amores y desamores. La historia de Los detectives salvajes está impregnada con un halo bohemio tan característico de aquella época, en la que se desarrollan las aventuras y las desventuras de dos literatos en el “furibundo y moribundo país de las letras”.

Los detectives salvajes es una obra que transgrede no sólo las fronteras realidad-ficción, sino también aquellas que convencionalmente delimitan los géneros literarios. En ella hay una simbiosis de los componentes de una novela policíaca, de una crónica, un thriller. Se trata de una narrativa fragmentaria, y a la que el crítico Masoliver Ródenas sitúa en la misma línea cultivada por Cervantes y James Joyce. Estructurada en tres partes, en la primera y la tercera el lector se sumergirá en el diario fechado en los años 1975 y 1976 escrito por Juan García Madero, huérfano de 17 años, estudiante de derecho y poeta. Este joven conoce a Arturo Belano y a Ulises Lima y se une al movimiento real visceralista y, colateralmente, a la búsqueda de la escritora Cesárea Tinajero. Esta búsqueda comienza de manera fortuita, ya que los protagonistas se ven obligados a huir de una casa custodiada por pistoleros, y emprenden un viaje por el desierto de Sonora en un Chevrolet Impala.

La segunda parte, la más extensa y quizás la más confusa de Los detectives salvajes, es una recopilación de testimonios en primera persona de 52 personajes. Los testimonios pertenecen a aquellos que conocieron a Belano y Lima durante los años comprendidos entre 1976 y 1996. Si en una primera instancia la estructura narrativa puede resultar algo confusa, sin duda acaba siendo la más interesante. Los testimonios sobre el peregrinaje de los protagonistas son contados desde la perspectiva de cada uno de los entrevistados, relatando, sin poder evitarlo, su propia vida y sus propias inquietudes. En otras palabras, Bolaño nos regala aquellas partes de una historia que normalmente son omitidas en favor a la trama argumental principal. Es una labor en la que probablemente otro escritor fracasaría, ya que el lenguaje de los 52 personajes es tan característico, que es posible identificar el testimonio con el entrevistado sin la necesidad de comprobar su autoría.

Ya he mencionado que Los detectives salvajes es una obra transgresora, una de las más transgresoras que he leído. Y mientras rompe en pedazos lo establecido, paradójicamente o no, su tema central es la búsqueda, “la desgarradora búsqueda de una generación, la suya [la de Bolaño], que ha estado buscando en el vacío y que, en un país sin futuro, sólo parece encontrar respuesta en un pasado ya perdido”, afirma Masoliver Ródenas. El deambular sin rumbo es una ilusión, lo que se persigue es encontrar respuestas, una identidad. En Los detectives salvajes esta identidad es una corriente llamada realismo viscelar, que se vincula con el Infrarrealismo- movimiento poético originado en México D. F. en el año 1975, entre cuyos fundadores se encuentran Roberto Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro.

En definitiva, Roberto Bolaño ha obsequiado al mundo con una obra compleja y muy bella. El juego de realidad-ficción es asombroso, estamos ante una historia ficticia basada en los hechos reales de la vida de Bolaño y su amigo Papasquiaro. Llena de reflexiones filosóficas y momentos trágico-cómicos, durante la búsqueda narrada en Los detectives salvajes el lector acompañará a los protagonistas en unas aventuras que no le dejarán indiferente.