Toulouse-Lautrec en Montmartre

Francia, finales del siglo XIX. Mientras las letras describen con tonalidades obscuras la crudeza de la vida de las clases bajas, las coloridas pinceladas impresionistas se erigen para exteriorizar el lado subjetivo de la existencia vista por el artista. Expresión versus impresión, el arte explora la vida y al ser humano frente a ella.

Y el arte, en cualquiera de sus manifestaciones, tiene una peculiaridad que lo hace único- escapar de las ordenes dictadas por una técnica imperante es sinónimo de éxito. Sobre todo cuando el resultado encuentra eco en la sociedad- sea ella lectora o espectadora.  La litografía revolucionó el mundo de la impresión, y los primeros cartelistas hicieron magia. Alphonse Mucha, Jules Chéret o Henri de Toulouse-Lautrec eran artistas, y sus obras- arte (me reservo el derecho de no entrar en debate acerca del papel que juega la superficie en el valor artístico de una obra, ya sea esa un lienzo o una plancha metálica).

Y si hace un año el Palacio de Gaviria (Madrid, España) acogía las obras de Mucha, este año CaixaForum de Barcelona expone las de Henri de Toulouse-Lautrec. Como la afortunada asistente a ambas creo que esta última merece una mención especial, y no solo porque todavía se pueda visitar (hasta el 20 enero de 2019). Se trata de una exposición basada en Montmartre y la bulliciosa actividad artística que recorría sus calles hacia los cabarets, cafés y teatros. Esa vida bohemia parisina sin la que es inconcebible un Toulose-Lautrec, un Van Gogh o un Cézanne. El acento está puesto en el contexto en el que los artistas del cartel publicitario crearon y recrearon la sociedad del momento. ¿Acaso no es el cometido principal del arte explorar la vida?

Y para todos aquellos que después de la exposición sientan la necesidad de volver a Montmartre de principios del XX, pasar una velada en compañía de Toulouse-Lautrec y La Goulue- os invito a hacerlo de la mano de John Huston en Moulin Rouge (1952).

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Clare Mackintosh: “No quiero ser la responsable de una crisis de Metro”

2 millones de personas. Ésta es la cifra aproximada del número de viajeros diarios del metro de Madrid. Rastreamos el trayecto más corto para nuestros quehaceres diarios y al recorrerlo, nos sumergimos en nuestra burbuja sin levantar la mirada del teléfono móvil. ¿Con quién compartimos el vagón del tren? Después de Te estoy viendo de Clare Mackintosh ningún viaje volverá a ser rutinario.

Como parte de su día a día, Zoe Walker coge el metro para ir a trabajar. La vida de Zoe no destaca por nada especial- a sus cuarenta años vive con sus dos hijos y su pareja en una casa adosada en Londres y disfruta del tiempo que pasa con su familia y amigos. Una noche, tras una larga jornada en la oficina, la mujer se acomoda en su sitio estratégico del vagón del metro con un ejemplar de The London Gazette. Una rápida ojeada a las noticias de actualidad. Sin embargo, la última página del periódico aguarda una siniestra sorpresa para Zoe: en la sección de anuncios de contactos encuentra publicada su propia fotografía. Un hallazgo fortuito, que marcará un antes y un después en su vida.

Clare Mackintosh irrumpe con Te estoy viendo, un thriller que deja huella. No se podía esperar menos de una autora que trabajó durante doce años en el departamento de investigación criminal de la policía británica. Sin embargo, el lector no encontrará un exceso de escenas sangrientas ni violencia extrema. Una sutil inquietud se introduce en la mente en cuanto los ojos recorren las primeras líneas del relato, y va in crescendo hasta la última página. Cada vez que crees saber quién es el titiritero que tensa los hilos de la escena, tus conjeturas quedan desbaratadas por un giro de acontecimientos.

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“Hago transbordo en Whitechapel, para coger el tren suburbano hasta Crystal Palace. Al ir caminando oigo pisadas detrás de mí. No difieren de otras; se oyen pisadas por todas partes en el metro, el sonido hace eco al rebotar contra las paredes, se amplifica y se prolonga hasta dar la sensación de que hay docenas de personas caminando, corriendo, pisando con fuerza.

Sin embargo, lo logro dejar de pensar que estas pisadas son distintas.

Que son de alguien que viene a por mí.”

En Te estoy viendo hay tan solo una cosa que pueda competir con la calidad del argumento, y es la manera de narrarlo a través de dos mujeres: la víctima Zoe Walker y la policía Kelly Swift. ¿Cómo la escritora consiguió lograr un dialogo tan eufónico? Esta vez he tenido la oportunidad de preguntárselo a la misma Clare.

Écfrasis: El “yo” de la historia es precisamente Zoe Walker, la víctima. ¿Te ha permitido este enfoque intensificar la situación de agobio?

Clare Mackintosh: Me encanta escribir en primera persona, ya que permite al lector adentrarse directamente en la cabeza del protagonista. Cuando ese personaje es la víctima, crea un ambiente realmente intenso y espeluznante, perfecto para un thriller psicológico. Los capítulos del personaje de la policía están escritos en tercera persona para un punto de vista más objetivo que refleja la forma en que los policías llevan la investigación. Esta estructura le proporciona al lector una perspectiva más amplia de la investigación.

Écf.: Desde el punto de vista de una ex-policía, ¿realmente la rutina puede llegar a ser tan peligrosa?

C. M.: Sí, creo que la rutina es peligrosa por muchas razones. Si haces lo mismo todo el tiempo- dejas de prestar atención. ¿Cuántas veces has llegado a casa después de recorrer tu ruta habitual a pie o en coche sin tener recuerdos precisos sobre el trayecto? Nos volvemos ajenos a lo que nos rodea, lo que significa que somos más vulnerables. Si eres predecible- otras personas pueden hacer un estudio de tu comportamiento rutinario y úsalo en tu contra.

Écf.: Si tuvieras que identificarte con un personaje, ¿con cuál sería: Zoe Walker o Kelly Swift?

C. M.: Hay elementos de mi propia personalidad en cada personaje que creo, pero probablemente me parezco más a Kelly que a Zoe. ¡Mi vida es mucho más impredecible que la de Zoe!

Écf.: Clare, ¿crees que la ficción se inspira en la realidad?

C. M.: Sí, sin lugar a duda. Al igual que la mayoría de los escritores, observo continuamente a la gente, escuchando sus conversaciones e inventando historias sobre ellos. Las ideas puedes surgir de artículos periodísticos, documentales o anécdotas contadas por amigos.

A punto de terminar la entrevista, le confieso a la autora que después de la historia de Zoe Walker estoy más alerta cuando uso el transporte público: “¡Creo que mis trayectos no serán los mismos a partir de ahora!”, “¡No me gustaría ser la responsable de una crisis de Metro!”- bromea Clare.

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“De profesión, lingüísta” ¿Realidad o mito?

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Según la RAE, la lingüística es la ciencia del lenguaje. Junto con la definición aparecen algunas de sus ramificaciones- la lingüística aplicada, la comparada, la computacional, etc. ¿Se ha preguntado a qué se dedica un lingüista?

El estudio del lenguaje, así como el de los números abarca lo inabarcable, extendiéndose a otras disciplinas. Se trata de dos de las ciencias más útiles, que combinadas forman la lingüística matemática, entra cuyas aplicaciones está formalizar el lenguaje y favorecer Processed with VSCO with a6 presetel desarrollo de herramientas como Google Translate o WordReference.

El catedrático del Departamento de Filología Catalana de la Universidad de Barcelona y autor de esta obra “De profesión, lingüista”, Lluís Payrató realiza un recorrido histórico de la disciplina, mostrando su florecimiento durante la segunda mitad del siglo XX. Dicho crecimiento ha sido muy notable- la asombrosa multiplicidad de sus funciones queda reflejada en todas las ramas interdisciplinarias en las que la lingüística aplicada es la co-protagonista. Y es que el destino de un estudiante del lenguaje ya no se limita únicamente a la docencia.

Es una lectura recomendada para todos aquellos que están a punto de matricularse en una carrera relacionada con el lenguaje, ya que les permitirá visualizar el panorama actual de la ciencia. Lo es para todos los filólogos, lingüistas y docentes que terminaron sus estudios y creen haber explotado todas las opciones laborales que les proporciona su título. Y lo digo con conocimiento de causa.

Un cuento de hadas para adultas

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Érase una vez una mujer llamada Silvia. Vivía en la mágica Paris, se dedicaba a la ciencia y tenía una relación amorosa. Lo feo del cuento es que su pareja, con quien compartió los últimos tres años de su vida, estaba casado. Las eternas promesas de dejar a la esposa para comenzar una vida feliz junto a Silvia se quedaron sin fundamento tras unos alarmantes incidentes. Con la finalidad de recuperar su estabilidad la protagonista IMG_20170625_102022_408recurre a un método poco convencional: la biblioterapia. ¿Conseguirá Silvia encontrar la respuesta en las páginas de los libros?

Espérame en la última página es una novela entretenida, divertida y con un argumento muy fresco e inspirador. La sutil mezcla de notas detectivescas y las propias de la literatura fantástica convergen en una historia que rescata al lector de la realidad, devolviéndole la fe en la magia. ¿Qué mejor compañero para estas vacaciones?

¿Es posible sobreinterpretar una obra literaria? Parte II

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II

Desde el enfoque semiótico Umberto Eco reconoce la existencia de una pluralidad de posibles lecturas:

la tarea de un texto creativo es presentar la contradictoria pluralidad de sus conclusiones, dejando a los lectores la libertad de elegir. En este sentido un texto creativo es siempre una obra abierta. […] acepto la afirmación de que un texto puede tener varios sentidos. Rechazo la afirmación de que un texto puede tener todos los sentidos.

Un texto creativo u obra literaria ofrece respuestas al lector, a la vez que le plantea nuevas preguntas. Una de las observaciones que hace Christine Brooke-Rose en su intervención consiste en que estamos ante una continua reescritura sobre las mismas cuestiones. ¿No es acaso una de las finalidades de la literatura? Imaginamos lo que haya podido ocurrir en el pasado –un pasado tal y como lo conocemos- o lo que puede ocurrir en el futuro. Las preguntas eternas son eternas porque carecen de respuesta, la respuesta reside en la búsqueda, y una de las maneras de realizar esa búsqueda es a través de la literatura, tal y como apunta Hayden White:

Lejos de ser la antítesis de la narrativa histórica, la narrativa ficcional es su complemento y aliado en el esfuerzo humano universal por reflexionar sobre el misterio de la temporalidad. De hecho, la ficción narrativa permite al historiador percibir con claridad el interés metafísico que motiva su tradicional esfuerzo por contar “lo que realmente sucedió” en el pasado en la forma de relato.

Por otra parte, Richard Slotkin está a favor de presentar la historia usando técnicas literarias con el fin de darle vida. White apoya las consideraciones de Slotkin, ya que «[…] por una parte “la escritura de la historia requiere una representación ficticia o imaginaria del pasado” y, por otra, […] “la escritura de la ficción histórica puede ser un valioso complemento para el trabajo de los historiadores en su disciplina”.».  En esta línea podemos considerar la afirmación de Umberto Eco de que la curiosidad es la fuente de todo conocimiento- gracias a Rossetti sabemos con certeza de la ausencia de la temática rosacruz en Dante. La conjetura de Rosseti sería más fructífera si éste negara la hipótesis de partida o empleara la reducción al absurdo, no obstante el resultado de su investigación ejemplifica la importancia de los factores extratextuales.

Como afirma Jonathan Culler, nuestra interpretación no debe de sentirse intimidada por el tendencioso prefijo “sobre-“. A la hora de interpretar un texto literario es necesario tener en cuenta muchos factores extraliterarios, independientemente del enfoque elegido, así como un planteamiento crítico y objetivo. De esta manera, una conjetura –planteada de manera razonada- que prueba lo contrario de la hipótesis inicial es igual de fructífera que la que lo confirma. De la distinción que hace Umberto Eco entre “interpretar un texto” y “usar un texto” se deduce que es el “uso de un texto” que puede llevar a la sobreinterpretación.  En esta línea, y a pesar del intento de desdibujar la diferencia entre “interpretar” y “usar”, Richard Rorty usa la novela de Umberto Eco El péndulo de Foucault para «los propósitos de su razonamiento filosófico o para su propia estrategia retórica». Sin embargo, el hecho de que la novela no haya cumplido con el horizonte de expectativas de Rorty probablemente signifique que su lectura ha sido condicionada desde el principio por haber sido escrita por Eco.

El autor debe ser responsable para con el texto que deja a la posteridad, así como para con el lector. Si la obra literaria cumple con el pacto de ficción, la vivencia de la ficción no se verá amenazada por el hecho de que un lector se planteará preguntas sobre lo que cuenta el narrador. La interpretación, tanto denotativa como connotativa, está influenciada por factores extratextuales particulares para cada lector, y siempre y cuando es razonable y razonada son escasos los motivos para descartarla.

¿Es posible sobreinterpretar una obra literaria?

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De singular naturaleza es el ejercicio que propone Umberto Eco para las conferencias de Tanner. Delimitar la interpretación o las interpretaciones posibles de una obra literaria. ¿Es posible sobreinterpretar un texto? ¿Y una obra literaria? ¿Qué es la literatura y cuál es su finalidad? Como dijo Bernard Werber a través de su personaje Edmond Wells, entre aquello en lo que estoy pensando, aquello lo que quiero decir, aquello que me parece que estoy diciendo, aquello que digo y aquello que Usted quiere escuchar y aquello lo que le parece que oye, aquello lo que quiere entender, y lo que al final entiende existen diez opciones de que surja un malentendido. Aun así vamos a intentarlo.

Una de las maneras de concebir la literatura es hacerlo como una forma de comunicación según la planteó Jakobson. Algunos críticos y teóricos estarán en desacuerdo ante tal cuadro, no obstante, este planteamiento permite una interacción entre el autor, la obra, el receptor y el contexto. Son variables a tener en cuenta independientemente del valor asignado a cada una de ellas. Si partimos de la idea de que una obra literaria puede ser interpretada, nuestro objeto de estudio será el proceso de comunicación planteado desde la convicción semiótica.

Desde esta perspectiva, Umberto Eco cuestiona la libertad que el receptor tiene para interpretar una obra. A menudo Eco habla de comunicación cotidiana y de textos literarios para ejemplificar una intención –ya sea por parte del autor como por parte del texto-. Sin embargo, se trata de dos formas de comunicación diferentes: en la cotidiana el emisor y el receptor comparten muchos más elementos que mencionó Jakobson que en la comunicación literaria. Por lo tanto, el hecho de que tanto el código como el contexto sean las realidades que comparten el emisor y el receptor –puede reducir las mal-interpretaciones del mensaje. No obstante, si se trata de la comunicación literaria la problemática se extiende. No sólo la diferencia radica en compartir o no el contexto –la situación ideal en la que hacía hincapié Lotman-, sino también en que el mensaje es concebido como el sistema modelizante secundario.

Umberto Eco alude a la búsqueda de la semejanza en el proceso interpretativo de los elementos que forman este sistema. La asociación entre el águila y Júpiter se producirá en el nivel connotativo y, por lo tanto, hermético. Sin un conocimiento de la simbología pagana esa relación de semejanza pasará desapercibida. Por lo tanto, si la literatura es un proceso de comunicación, nos podríamos preguntar a quién se dirige. ¿A un estudioso capaz de establecer la semejanza o a un lector al que dicha codificación le produce el extrañamiento desvío?IMG_20170519_093425_197

El autor al escribir su obra puede tener en mente a un lector ideal. Sin embargo, no puede prever en qué contexto será leída y si será el lector ideal quien lo hará. Probablemente Garth Williams no escribió The Rabbit´s Wedding (1958) con la intención de tematizar el matrimonio interracial, no obstante la interpretación del bibliotecario de Alabama puede considerarse errónea atendiendo a los diferentes contextos del autor y del lector. El planteamiento de Umberto Eco es interesante en cuanto a la intervención del autor empírico sobre las interpretaciones de sus obras, sin embargo, ¿hasta qué punto el autor empírico es honesto en sus intervenciones? ¿Cuántos autores negarán un descubrimiento interpretativo puramente casual que les puede prometer la fama?

Ante la duda recurrimos al recurrente inconsciente del autor empírico. Indudablemente, existe una estrategia textual del autor empírico que difiere de la historia del desarrollo de esa estrategia textual, tal y como postula Eco. Sin embargo, partiendo de ésta premisa, al hablar del autor empírico que puede interferir en las interpretaciones de su obra y relegar al inconsciente, tenemos que tener en cuenta que es un autor cuyo conjunto de obra artística no está cerrado. Al estar vivo el autor y al existir la posibilidad de que siga escribiendo puede ocurrir que las interpretaciones que él considera poco útiles o irrelevantes cobren importancia posteriormente en el conjunto cerrado de su obra.

 

“El libro negro del emprendedor”: ¿nos ha engañado el autor?

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Emprender. Una acción, cuya motivación más directa carece de un origen específico. Ya sea por pasión y vocación o como consecuencia de un cambio imprevisto en la situación económica personal, la decisión de emprender un negocio no se debe de tomar a la ligera.

En El libro negro del emprendedor Fernando Trías de Bes repasa punto por punto aquellos aspectos que un emprendedor novel debería de tener cuenta. El lector no encontrará dentro de este volumen ni lecciones de contabilidad ni un mapa del tesoro para la inversión inicial, tan solo consejos y advertencias tanto por parte del autor como por la de los emprendedores de éxito. Y es que muchas veces un sabio consejo recibido a tiempo es infinitamente más valioso que unos activos mal empleados.

Dividido en catorce asaltos, como si de un combate de boxeo se tratara, el autor enfrenta al aspirante a emprendedor con los factores claves de fracaso. La idea consiste en que el lector conozca la peor y la imprevisible parte (salvando mucho las distancias) de poner en marcha un negocio.

Compartir la idea del negocio o evitar asociarse son tan solo algunos de los puntos polémicos que expone y razona Trías de Bes. Desde mi experiencia personal, la credibilidad de los argumentos hubiese sido mayor si el autor no optara por una nota preliminar para comenzar el libro, en la que a lo largo de 15 páginas (el volumen cuenta con 180) justifica larga y reiteradamente su derecho de aconsejar a un emprendedor. Y aunque algunas de las cuestiones invitan a reflexionar sobre la materia, la nota preliminar predispone a recibir los consejos con escepticismo. Resulta inoportuno buscar la redención antes de ser acusado- una práctica que pone en evidencia al autor y en duda el texto.

Por otra parte se manifiesta oportunista que Trías de Bes ofrezca a los lectores a “votar y exponer su parecer a favor y en contra de las afirmaciones que aquí [en El libro negro del emprendedor] realizo” en una página web (www.triasdebes.net.) en la que éstos encontrarán tan solo un contenido publicitario de las publicitario de las publicaciones del autor.

Si bien el ejemplar que he utilizado es un préstamo bibliotecario (en el caso de haberlo adquirido me habría sentido engañada), El libro negro del emprendedor cuenta ya con diez ediciones a día de la publicación de esta reseña. Es evidente que el número de ediciones de una obra condiciona favorablemente el éxito de ésta, no obstante, para no sucumbir al engaño considero necesario interesarse por la tirada de cada una de ellas. Lo he hecho y fracasé- al parecer se trata de un dato, cuyo acceso no está al alcance de un lector curioso.

En definitiva, se trata de un libro entretenido y de lectura ligera, aunque ciertamente peca de reiterativo, rozando el estilo de las publicaciones de autoayuda.

La otra vida de Bolaño: reseña de “Los detectives salvajes”

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«Déjenlo todo, nuevamente láncese a los caminos.»

Roberto Bolaño, primer manifiesto infrarrealista. México, 1976.

Hay escritores, cuya vida y obra son inseparables. Es imposible entender la una sin la otra, los límites entre la realidad y la ficción se difuminan, cediendo al escritor todo el poder sobre su verdad. Roberto Bolaño es uno de esos escritores prodigiosos, cuya pluma suple las carencias espacio temporales de esta vida para brindar una coexistencia de hechos posibles. ¿Alguna vez se han preguntado cómo sería su vida si las circunstancias fueran favorables para haber tomado otro camino?

Publicada en el año 1998, Los detectives salvajes ha sido alabada por numerosos críticos y teóricos de la literatura. El día 2 de noviembre de 1998, un jurado compuesto por Salvador Clotas, Juan Cueto, Paloma Díaz-Mas, Luis Goytisolo, Esther Tusquets y el editor Jorge Herralde, otorgó el XVI Premio Herralde de Novela, por unanimidad, a Los detectives salvajes. De esta manera, Roberto Bolaño se convertía en el primer escritor chileno en ser galardonado con el prestigioso premio.

En Los detectives salvajes Bolaño ficciona su propia existencia. A lo largo de seiscientas páginas, junto con su amigo, el poeta mexicano Mario Santiago Papasquiaro, el autor recorre el planeta en busca de una misteriosa escritora desaparecida. Los protagonistas, Arturo Belano (el alter ego literario de Roberto Bolaño) y Ulises Lima (Mario Santiago Papasquiaro) descubren un poema, el único poema publicado de Césara Tinajero. Como resultado de esta enigmática obra surge un movimiento poético vanguardista llamado realismo viscelar, cuya principal característica consiste en “la desconexión transitoria con cierto tipo de realidad”. La búsqueda emprendida por Belano y Lima ocupa el último cuarto del siglo XX, es una búsqueda que abunda en viajes, sueños, frustraciones, en amores y desamores. La historia de Los detectives salvajes está impregnada con un halo bohemio tan característico de aquella época, en la que se desarrollan las aventuras y las desventuras de dos literatos en el “furibundo y moribundo país de las letras”.

Los detectives salvajes es una obra que transgrede no sólo las fronteras realidad-ficción, sino también aquellas que convencionalmente delimitan los géneros literarios. En ella hay una simbiosis de los componentes de una novela policíaca, de una crónica, un thriller. Se trata de una narrativa fragmentaria, y a la que el crítico Masoliver Ródenas sitúa en la misma línea cultivada por Cervantes y James Joyce. Estructurada en tres partes, en la primera y la tercera el lector se sumergirá en el diario fechado en los años 1975 y 1976 escrito por Juan García Madero, huérfano de 17 años, estudiante de derecho y poeta. Este joven conoce a Arturo Belano y a Ulises Lima y se une al movimiento real visceralista y, colateralmente, a la búsqueda de la escritora Cesárea Tinajero. Esta búsqueda comienza de manera fortuita, ya que los protagonistas se ven obligados a huir de una casa custodiada por pistoleros, y emprenden un viaje por el desierto de Sonora en un Chevrolet Impala.

La segunda parte, la más extensa y quizás la más confusa de Los detectives salvajes, es una recopilación de testimonios en primera persona de 52 personajes. Los testimonios pertenecen a aquellos que conocieron a Belano y Lima durante los años comprendidos entre 1976 y 1996. Si en una primera instancia la estructura narrativa puede resultar algo confusa, sin duda acaba siendo la más interesante. Los testimonios sobre el peregrinaje de los protagonistas son contados desde la perspectiva de cada uno de los entrevistados, relatando, sin poder evitarlo, su propia vida y sus propias inquietudes. En otras palabras, Bolaño nos regala aquellas partes de una historia que normalmente son omitidas en favor a la trama argumental principal. Es una labor en la que probablemente otro escritor fracasaría, ya que el lenguaje de los 52 personajes es tan característico, que es posible identificar el testimonio con el entrevistado sin la necesidad de comprobar su autoría.

Ya he mencionado que Los detectives salvajes es una obra transgresora, una de las más transgresoras que he leído. Y mientras rompe en pedazos lo establecido, paradójicamente o no, su tema central es la búsqueda, “la desgarradora búsqueda de una generación, la suya [la de Bolaño], que ha estado buscando en el vacío y que, en un país sin futuro, sólo parece encontrar respuesta en un pasado ya perdido”, afirma Masoliver Ródenas. El deambular sin rumbo es una ilusión, lo que se persigue es encontrar respuestas, una identidad. En Los detectives salvajes esta identidad es una corriente llamada realismo viscelar, que se vincula con el Infrarrealismo- movimiento poético originado en México D. F. en el año 1975, entre cuyos fundadores se encuentran Roberto Bolaño y Mario Santiago Papasquiaro.

En definitiva, Roberto Bolaño ha obsequiado al mundo con una obra compleja y muy bella. El juego de realidad-ficción es asombroso, estamos ante una historia ficticia basada en los hechos reales de la vida de Bolaño y su amigo Papasquiaro. Llena de reflexiones filosóficas y momentos trágico-cómicos, durante la búsqueda narrada en Los detectives salvajes el lector acompañará a los protagonistas en unas aventuras que no le dejarán indiferente.

Cuando la realidad supera la ficción: reseña de “Musa”

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Ésta es una historia de amor. Es sobre los buenos viejos tiempos, cuando los hombres eran hombres y las mujeres eran mujeres y los libros eran libros, con las tapas pegadas o incluso cosidas, con cubiertas de papel o de tela, con sobrecubiertas preciosas o no tan preciosas y un maravilloso olor a polvo, a moho; cuando los libros amueblaban muchas habitaciones y su contenido, las palabras mágicas, su poesía y su prosa, eran licores, perfume, sexo y gloria para quienes los amaban.

 Musa (Anagrama, 2016) es una historia sobre las pasiones que levanta la literatura. Jonathan Galassi (Seattle, 1949) nos demuestra que las historias emocionantes no sólo suceden dentro de los volúmenes apilados en las estanterías, sino también momentos antes de que éstas sean conocidas por el público. Y a pesar de que Musa es el debut prosístico del autor, el estadounidense cuenta con una destacada carrera editorial: actualmente dirige y preside Straus and Giroux.

Galassi nos invita a conocer el mundo editorial neoyorquino de finales del siglo XX y principios del XXI. Durante esta época delicada para la industria, un joven llamado Paul Dukach consigue un empleo en Purcell & Stern, una de las más prestigiosas editoriales independientes. Tanto Paul como el editor jefe comparten la obsesión por la poeta Ida Perkins. No obstante, no sólo la producción artística de Perkins acapara la admiración de estos editores: también ansían poder incluir a la poeta en su catálogo, un derecho privilegiado y exclusivo de su competidor, – el editor Sterling Wainwright. Los acontecimientos presentan un giro inesperado para toda la élite editorial neoyorquina cuando el protagonista, Paul Dukach, consigue una entrevista con Ida Perkins en su residencia en Venecia. Después de la reunión, Paul regresa a Nueva York con un manuscrito y una confidencia de la poeta que marcará un antes y un después en el mundo editorial y literario.

En las páginas de Musa el lector encontrará una historia realmente bonita y entrañable, ambientada en una época difícil para la industria editorial. Amores, desamores, engaños y secretos también forman parte de la vida de los editores y de sus autores. La prosa de Galassi es asaz particular: su tono divertido y ameno se retroalimenta con bromas que pueden resultar graciosas a aquellos lectores, que conocen los dramas antioneillianos de April Owens o el papel de los personajes negros en las obras de Jean Genet. Y aquellos de nosotros que no tenemos presente en mente la estatua veneciana de Marino Marini, por cortesía del traductor, a pie de página encontraremos una nota que nos recordará que se trata de una figura con los brazos levantados y el pene erecto.

Desde mi particular punto de vista, se trata de un libro que divide a los lectores en dos bandos: por una parte, están los que entienden las referencias de Galassi y por ende pueden apreciar temas como personalidad del autor como constructo social o la importancia de las influencias literarias. Por otra parte, en el extremo opuesto, se encuentran lectores persuadidos por la opinión de Michiko Kakutani, publicada en The New York Times, que define la novela como “divertida, perspicaz, incisiva” sin sospechar en realidad lo que a la crítica le puede parecer divertido.

En definitiva, resulta un tanto complicado adjudicar a la novela Musa el calificativo de “apta para todos los públicos”. Sin duda la historia narrada y los temas que ataña merece la atención lectora. Y a pesar de que el estilo de Jonathan Galassi sea peculiar, cabe destacar la enorme labor llevada a cabo con mucho éxito del traductor Jaime Zulaika. En lo que a mi ejemplar se refiere, lucirá junto con los volúmenes de teoría y crítica literarias por aquellos autores y teóricos a los que ha sido gratificante evocar, y sobre todo por aquellos que me quedan por conocer.

 

“Falcó”: una de espías

img_20170102_132045_815Un hombre enigmático envuelto en el humo de su cigarrillo, cuyos ojos permanecen ocultos por el ala de su sombrero. Y a pesar de que es la llama de la cerilla lo que debería de llamar la atención del observador de la portada de Falcó, mis ojos en vano buscan los del hombre de la imagen. Los ojos son el espejo del alma, y el ansia de conocer el alma de Falcó es una sensación igual de intensa que la avidez de averiguar su destino.

“Además de la ropa cara, los cigarrillos ingleses, los objetos de plata y de cuero, los analgésicos para el dolor de cabeza, la vida incierta y las mujeres hermosas, a Lorenzo Falcó le gustaban las cosas salpimentadas con detalles. Con solera.”- así se describe al protagonista de la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte. ¿Un calco del mítico James Bond? ¿Un eco de las aventuras de espías, efectuadas con elegancia inglesa? Júzguenlo ustedes mismos.

Otoño de 1936. El continente europeo se encuentra agitado por las guerras, sumergido en el miedo y la incertidumbre, convirtiéndose en una tierra fértil para que en ella germine todo tipo de actos controvertidos. El agente de servicios de inteligencia Lorenzo Falcó recibe el encargo de llevar a cabo la infiltración en una peligrosa misión que podría cambiar el curso de la historia de España. Y para que una infiltración tenga éxito, ésta tiene que efectuarse intachablemente: las amistades, los amores y las causas deben de parecer reales. Sin embargo, en el juego de las apariencias las reglas son imprecisas y los límites- borrosos, y los jugadores son “camaradas todos, pero según y cómo”. ¿Será capaz Falcó de ejecutar la difícil misión con éxito? ¿Será capaz de mantenerse fiel a sí mismo?

Estamos ante una obra en la que el autor construye una historia ficticia a partir de los acontecimientos reales; una historia de espías, conspiraciones y juegos a varios bandos. El narrador omnisciente acompaña a Lorenzo Falcó en sus más peligrosas hazañas y en sus más íntimos pensamientos, conservando la sangre fría en momentos de máxima tensión. La trama está bien construida, los momentos de acción son descritos con todos los colores de la paleta de un autor que cuenta con más de una veintena de obras. Sin embargo, la costumbre de comenzar las frases con un pretérito perfecto entorpece y sacude una lectura que ha sido concebida para ser veloz.

Las especificidades del género y la historia han permitido a Pérez-Reverte elaborar unos personajes bastante creíbles, con una personalidad definida que no se tambalea por los agitados acontecimientos narrativos. El protagonista, Lorenzo Falcó, podría despertar antipatía en los lectores, sin embargo, no se trata de un antihéroe plano gracias a que el autor lo privó de una ideología concreta: “Para Falcó, palabras como patria, amor o futuro no tenían ningún sentido. Era un hombre del momento, entrenado para serlo. Un lobo en la sombra.”. Por lo tanto, un personaje despojado de las causas ideológicas se mueve en el terreno de las causas éticas, y aunque no siempre sus actos puedan suscitar simpatía, el ego y el cinismo -a veces demasiado exagerado- se erigen como gajes del oficio.

La historia de Falcó es un libro de entretenimiento, de aventuras muy logrado: son casi 300 páginas llenas de emociones y sorpresas. La tensión de la trama atrapa al lector desde las primeas líneas hasta el final y los giros de los acontecimientos no dejan de asombrar. La avidez de la lectura va in crescendo mientras las páginas que faltan para el final escasean, provocando una sensación de tensión y respiración contenida.

Pérez-Reverte viste a Falcó con una camisa blanca y lo sitúa entre falangistas y republicanos, poniendo mucha distancia con el aspecto político. Y si en una primera instancia ese detalle sea de agradecer, lo cierto es que su neutralidad permanece intacta pese a la evolución de su personalidad que se observa a lo largo de la obra. Me resulta algo complicado creer la posibilidad de que un agente de servicios de inteligencia no tenga opiniones o inquietudes sobre lo que estaba ocurriendo a nivel mundial. Existen infinidad de aspectos colindantes con el político, y al limitarse a tintar el criterio del personaje en lo que a la toma de decisiones se refiere con un único color -ni siquiera matices- sentimental, rebaja la profundidad de su personalidad.

En lo que al personaje de Lorenzo Falcó concierne, una personalidad desarrollada con algo más de esmero hubiera asegurado a la novela una perpetuidad en el tiempo. ¿Tendremos la culpa nosotros, los críticos, de que Arturo Pérez-Reverte opte por guardar las distancias ante el peligro de una posible polémica? En lo que a mí se refiere, siempre procuro mantenerme al margen de las ideologías de un autor como de las mías propias, centrándome en su obra.

En definitiva, Falcó es una novela realmente entretenida, en la que los límites del bien y el mal se desdibujan y los acontecimientos se suceden de una manera inesperada. Y a pesar de que el personaje principal pueda pecar de ser el dueño de una personalidad algo vacua, se trata de un componente que no interfiere en absoluto en el disfrute de una buena historia de espías.