El TOP 5 de 2016

img_20161228_092353_859A comienzos de enero de 2016 se creó Écfrasis Blog con el objetivo de compartir lecturas, opiniones y críticas tanto de obras que pertenecen a la gran literatura, como de las novedades editoriales. Siempre con objetividad y máximo rigor se han publicado reseñas que han inspirado algunas de vuestras nuevas lecturas. Para este post he seleccionado los cinco libros que más he disfrutado, y que os recomiendo encarecidamente. Aquellas obras que han sido reseñadas en Écfrasis cuentan con un enlace directo a la reseña; el orden establecido en esta recopilación no es en ningún caso de carácter cualitativo.

  • Voces de Chernóbil de Svetlana Alexiévich. El blog cuenta con reseñas de La guerra no tiene rostro de mujerEl fin del “Homo sovieticus”, no obstante, de los cinco títulos que componen el ciclo “Voces de la Utopía” de Alexiévich, Voces de Chernóbil me parece el más logrado. Publicado en 1997, Voces de Chernóbil recoge los testimonios de las personas que vivieron de cerca la catástrofe de Chernóbil. Son voces de aquellos que apagaban el reactor, de los residentes en las zonas afectadas y evacuadas, voces de aquellas madres y mujeres, cuyos hijos y maridos eran los liquidadores y se habían consumido en cuestión de días. Son numerosas las ocasiones en las que aparecen testimonios sobre la existencia de dos versiones de la catástrofe: la oficial –la propaganda sobre las maravillas del “átomo soviético”- y la real: en la que hablan de los liquidadores como de “…víctimas de las ideas y la educación soviéticas”. Más adelante leemos: “Eran muchachos jóvenes. Ahora también ellos se están muriendo; pero comprenden que sin ellos no lo hubieran hecho. Además eran personas de una cultura especial. La cultura de hazaña. Unas víctimas.”. Es muy interesante como por una parte encontramos la creencia de que “Chernóbil ha acelerado la descomposición de la Unión Soviética”, y por otra una reflexión de cómo la catástrofe –y sus duraderas consecuencias- volvieron a unir a los distintos pueblos. img_20161228_094056_237En cuanto a la estructura, el libro comienza con una “Nota histórica”, a la que le sigue un bloque que se titula “Una solitaria voz humana”. Este bloque que abre el libro es un testimonio monólogo de la esposa del bombero fallecido –un bombero que estaba entre los primeros liquidadores-. También al final, encontramos un bloque con el mismo nombre “Una solitaria voz humana”, también un testimonio monólogo de la esposa de un liquidador. Son dos manifiestos al amor más puro, uno abre el libro y el otro lo cierra a modo de círculo, son dos relatos sobre el amor con los que Alexiévich dialoga con Dostoievski, respondiendo a su pregunta “¿cuánto de humano hay en un ser humano y cómo proteger al ser humano que hay dentro de ti?”.
  • Cosas que brillan cuando están rotas de Nuria Labari. Una novela impecable que versa sobre los atentados del 11 de marzo de 2004, escrita por la periodista que entrevistó a la familia de los acusados de la barbarie.
  • Historia de la crítica literaria de David Viñas Piquer. “Yo diría que la crítica literaria enriquece la literatura”, dijo Borges en alguna ocasión. ¿Existe mejor manera de corroborar la acertada apreciación del escritor argentino que recorrer, de la mano de los grandes críticos, las más brillantes reflexiones sobre el fenómeno literario? img_20161228_093843_060 Sin duda, es el mejor y el más completo volumen dedicado a la crítica literaria, que he tenido entre mis manos en los ocho años de mi dedicación a la literatura.
  • Consumidos de David Cronenberg. Intensa, transgresora, con matices de angustia, la impresión que causa no dejará indiferente al lector. Me gustaría hacer hincapié en un factor casi mágico para los conocedores y seguidores de la filmografía de David Cronenberg: Consumidos hace posible la experiencia de reproducir el mundo alternativo de Cronenberg a partir de su texto. La experiencia de dirigir la cámara, seleccionando enfoques y encuadres, siendo partícipe del acto creador.
  • Palabras vivas, palabras muetas de Nora Gal. Este volumen, que por motivos evidentes carece de una traducción al castellano, está dedicado a la teoría de la traducción. La reseña en Écfrasis cuenta con un resumen y una aproximación a los principios teóricos de una de las traductoras más reconocidas en Rusia.

Queridos lectores, les agradezco enormemente el interés y la gran acogida que ha tenido Écfrasis Blog. Como dijo Emily Dickinson, para viajar lejos no hay mejor nave que un libro. ¡Espero que este viaje literario que hemos emprendido en Écfrasis no haya hecho más que empezar! Estaré encantada de que compartáis conmigo aquellas obras que han marcado vuestro 2016, seguramente habrá algunas que añadiré a mi lista del año que está a punto de comenzar. ¡Felices fiestas!

Olga Borshchak

La versión soviética de BLACK MIRROR

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En el año 1516 Tomás Moro describió una isla imaginaria con un sistema político, social y legal perfecto, y la denominó Utopia. No ha sido el único en emprender este entretenido ejercicio- en La República de Platón e incluso en Gilgamesh, la obra literaria más antigua del mundo, podemos encontrar alusiones a una sociedad ideal. Dejando a un lado cuestiones de raigambre metafísica que indagan sobre la naturaleza del ideal buscado, es necesario reconocer que la persecución de una mejoría es nuestra condición natural. Al igual que lo es aventurarse en dicha búsqueda en los momentos de dificultad.

Uno de los autores que trató de pintar una sociedad utópica es el ruso Andréi Platónov en su obra Chevengur. Se desconoce la fecha exacta en la que fue escrita, no obstante, podemos atenernos al año 1927 en el que fue fechada por la editorial moscovita Sovremiénnik. Sin embargo, por motivos de la censura tardó 60 años en publicarse de forma íntegra en la URSS.

Es bien sabido, pero conviene recordar que toda la producción literaria oficial era controlada tanto en la elaboración como en la venta, llevando a cabo la noble idea de Lenin de hacer llegar la literatura a todos los estratos sociales, pasando ésta a formar parte del mecanismo de edificación del socialismo. De esta manera, la literatura era un camino para implantar una ideología determinada, una ideología que los escritores comunicaban a los lectores a través de sus obras e historias, cuyos protagonistas eran hombres corrientes con grandes virtudes. Estos protagonistas tenían como objetivo reconstruir el país, por lo que al implantarse la Nueva Política Económica (NEP) en 1921, las artes pasaron a formar parte de la cultura proletaria. Muchos escritores, entre ellos Andréi Platónov, de una manera u otra mostraron su descontento con esta situación de un silencio impuesto.

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Andréi Platónov, Voronezh, 1922

Andréi Platónov es uno de los escritores que mejor ejemplifica el atrevimiento de retar al gobierno soviético. En los manuales de literatura rusa se puede encontrar sobre todo la información sobre su actividad literaria hasta el año 1929- la época en la que escribió Chevengur-. A partir de 1929 Platónov publica Makar el que dudó y Buen provecho, dos obras que recibieron duras críticas de Stalin, quien divisó en ellas dudas en la colectivización, y por lo tanto privó al escritor del derecho de publicar. Sin embargo, Vitali Shentalinski, quien tuvo acceso a los archivos literarios de la KGB en Lubianka, aporta a los curiosos algo más de información. En Esclavos de la libertad afirma que Platónov no sólo ha sido víctima de represalias, sino que también la KGB tenía un archivo con los manuscritos del autor. El periodista supone que el expediente ha sido creado con el objetivo de reunir información contra un enemigo del pueblo más y desnudar su ser antisoviético y contrarrevolucionario- dos etiquetas que se consideraban fatales en ese momento. No obstante, en los textos de Andréi Platónov no hay ideas propiamente antisoviéticas y con Buen provecho el autor pretendía ayudar a la Revolución.

La fe que tenía Platónov en la causa revolucionaria se vislumbra en Chevengur, una obra creada en base a la idea utópica sobre la existencia de un lugar lejano lleno de felicidad y abundancia. Chevengur es el nombre con el que el escritor bautiza a una ciudad ficticia situada en la estepa rusa, cuyos ciudadanos se dedican a edificar el comunismo. Según los editores de la obra en Cátedra, Chevengur significa «tumba de lapti» (lapti– es una especie de alpargatas de corteza de tilo, trenzada, que usaban los campesinos). Es en esta ciudad en la que Platónov sitúa a los personajes que van y vienen en busca de la dicha, presentando situaciones que sorprenden e incluso escandalizan. La ciudad de Chevengur tiene una importancia abismal dentro de la trama, ya que juega el papel de una especie de Centro, es un espacio sagrado sin construir en el cual, según Mircea Eliade, el hombre no puede vivir. Aquel que pueda acceder al centro, el que sea aceptado allí, entrará, a modo de los primeros cristianos. En la obra, efectivamente, algunos personajes lo consiguen y esa vivencia es planteada desde un enfoque surrealista.

Chevengur es una obra tremendamente transgresora, y como tal ha supuesto un verdadero quebradero de cabeza para los críticos a la hora de catalogarla. Algunos la calificaron como antiutopía social con elementos de sátira, mientras el reputado escritor Máximo Gorki la clasificó dentro de la sátira lírica. En esta creación literaria de Platónov es inmensa la riqueza de la simbología, los arquetipos, la mitología e incluso de los motivos bíblicos y folklóricos. Por muy paradójico que pueda parecer, a pesar de romper los límites de lo establecido como comprobaremos más adelante, Chevengur continúa con la temática literaria tradicional rusa del siglo XIX: aquí está la búsqueda de la verdad de Dostoievski, el paso del tiempo y la soledad de Chéjov y al amor al prójimo de Tolstói.

Lo transgresor de la obra es principalmente el lenguaje, que supone una ruptura con el pasado. El habla de los personajes es espontáneo, siendo la espontaneidad la que determina en ellos un perpetuo estado de descubrimiento del mundo. La semántica de los sustantivos con significado abstracto se modifica para que éstos se tornen en una realidad-objeto. Por ejemplo, en este párrafo podemos verificar que el concepto de la muerte es percibido como algo tangible, como un objeto cuya posesión conlleva ciertos privilegios:

«Estábamos sentados en el campo y llorábamos: ¿para qué seguir vivos si no podíamos…? Entonces el chico me dijo: «Mamá, será mejor que me muera yo solo, me aburro de andar contigo por el largo camino. Siempre lo mismo y lo mismo» -me dijo. Yo le respondí: «Bueno, muérete, a lo mejor entonces también yo me adormeceré contigo.» Se recostó a mi lado, cerró los ojos, pero siguió respirando, estaba vivo y no lograba morir. «No puedo, mamá» -me dijo. «Bueno, ya que no puedes, déjalo –le dije yo-; vamos a caminar despacio otra vez, a lo mejor encontramos algún sitio donde parar.»

Por lo tanto, la prosa en Chevengur es una prosa escrita para un lector nuevo, un lector “dentro del contexto”. El sufrimiento con el que parece que se formulan las frases de su poética refleja el sufrimiento que supone para el lector, para las personas el entender, comprender lo que ocurre en su actualidad más inmediata, la dificultad de aprender a vivir bajo las nuevas ideas.

En definitiva, Chevengur es una obra compleja que se presta a múltiples interpretaciones, posibles lecturas y análisis. Sin embargo, defiendo que su densidad no debe asustar al lector para conocer ese mundo antiutópico- entre sus páginas podemos hallar infinidad de reflexiones actuales hoy en día.

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“La Trinidad” de Andréi Rubliov, Galería Tretiakov, Moscú

Para concluir, aprovechando esta nota que versa sobre el paralelismo ente las épocas, me gustaría llamar su atención sobre la portada de Chevengur en la edición de Cátedra, que no podía haber sido elegida con más acierto. Se trata de “La Trinidad”, – un icono en el que el pintor Andréi Rubliov representó a tres ángeles que, según el relato bíblico, materializan la forma que tomó Dios para aparecer ante Abraham y Sara en Mambré. “La Trinidad” está fechado en el siglo XV- una terrible época para Rusia, llena de sufrimiento y desintegración interna. Con esta imagen en la portada de Chevengur no solo se establece un paralelismo entre el sufrimiento del siglo XV y el del XX, sino que la elaboración de las dos obras -el icono de Rubliov y el texto de Platónov- iba de la mano de la búsqueda de la verdad y de un intento de comprensión de los acontecimientos del momento. Las dos creaciones exigen un acercamiento mesurado en su contemplación y lectura- solo bajo esta condición revelarán sus secretos con todo el esplendor que esconden.

Cinco metros cuadrados y seis vidas: reseña de “Mujeres soñaron caballos” de Daniel Veronese

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Como dijo Martin Luther King, el hombre nació en la barbarie, cuando matar a su semejante era una condición normal de la existencia. Se le otorgó una conciencia. Y ahora ha llegado el día en que la violencia hacía otro ser humano debe volverse tan aborrecible como comer la carne de otro.

La violencia y el abuso están muy presentes en nuestro día a día. Están en los hogares, en las calles, la televisión y hasta en nosotros mismos. Daniel Veronese, director de teatro y dramaturgo argentino, trata este tema tan actual con una singular maestría en su obra Mujeres soñaron caballos. Seis personajes, tres matrimonios, tres hombres y tres mujeres reunidos en una cena familiar durante la cual los impulsos interiorizados junto con los demonios domesticados salen al exterior.

La acción de Mujeres soñaron caballos se desarrolla en una sala del pequeño apartamento de Roger y Bettina. Viven en el último piso de un edificio abandonado en ruinas. La obra comienza con Lucera comunicándose con el público. No se trata de una familia que se visita a menudo. Los personajes charlan, intercambian experiencias, algunos van a visitar el edificio, mientras se prepara una cena que nunca será servida.

Los personajes se mueven en un espacio muy reducido, que según Veronese ha sido un desafío para los actores: “…me fui dando cuenta de que no necesitaba el espacio…”. Si tenemos en cuenta que una de las versiones de Veronese Espía a una mujer que se mata (una interpretación muy libre de Tío Vania de Chéjov) fue interpretada en un escenario igual de reducido, podemos decir que esta restricción dramatúrgica resultó muy productiva. Gracias a esto, la forma poética del autor tiene posibilidad de manifestar la relación entre esa prescindencia de gestación de la violencia micro política, que según Enrique Olmos caracteriza la obra.

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Daniel Veronese, 2014

En el espacio patente (5-7m2) chocan los cuerpos y las actitudes de los personajes. Adquiere un cierto grado de simbolización en relación con ese “afuera” que lo moldea. Este fuera/dentro tiene una oposición con inconsciente/consciente, el pasado y el presente. El espacio patente es un espacio psíquico en el que lo reprimido amenaza con retornar y cuestiona el comportamiento de los personajes, revelando sus conflictos y desatando su violencia.

En definitiva, el peso del pasado es tan abrumador que el dramaturgo decide asfixiar a los personajes y entorpecer el movimiento de los actores para subrayar la violencia que subyace en sus vínculos. Existe la imposibilidad de identificación del lector/espectador con ninguno de los personajes, no hay posibilidad de empatía. Son personajes crueles y como mínimo irresponsables en su relación con los otros. De esta forma, se cumple el auto mandamiento de Veronese número 9, que consiste en hacer un teatro más centrífugo. Hay una atracción a la vez que repulsión que ocurre en los personajes entre sí.

La función de la obra no se articula en una sección progresiva que puede guiar al lector/espectador por una visión escalada de la violencia, sino por la acumulación de un conjunto de sucesos dramáticos. En este sentido, Mujeres soñaron caballos es un drama de inacción, hasta que la acción explota con contundente violencia. La estrategia de acumulación de inacción de sucesos dramáticos no articula la obra, sino que la segmenta.

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Daniel Veronese dirige “Mujeres soñaron caballos” en el teatro El Galeón, mayo 2009    
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Daniel Veronese dirige “Mujeres soñaron caballos”, teatro El Galeón, mayo 2009

 

En la obra Mujeres soñaron caballos observamos el enfrentamiento de lógicas masculinas y femeninas, se agrupan en dos series: en los personajes masculinos se observa una tasa menor de las formas no marcadas. Se expresan a través de un lenguaje racionalista, por el contrario, el lenguaje de las mujeres es más poético. Así, en el habla femenino hay un alto correlato simbólico. Todo lo que le ocurre a los personajes se refleja en lo valioso que es el lenguaje. Un lenguaje cotidiano que forma unos diálogos en los que predominan las formas coloquiales de un estilo un tanto neutro. Los diálogos parecen cumplir con dos automandamientos de la poética de Veronese: el número 10- crear sectores de emoción indisciplinada que se velen y se desvelen en un furioso oleaje; y el número 27- intertextuar lo lírico y lo dramático.

Gracias a los diálogos, y en especial, a lo que dicen las mujeres, podemos establecer una relación entre “mujeres” y “caballos”. Así, el concepto, la imagen de los caballos remite a la interioridad de los personajes en clave poética, se podría establecer una relación entre los momentos en que cada una de las mujeres de la obra presenta este motivo que se vincula con el título de la obra.

En definitiva, en Mujeres soñaron caballos vemos un claro ejemplo de cómo unas lógicas entrelazadas, unos conflictos irresueltos parcial o falsamente mostrados, la violencia se reflejan a través de los actos más cotidianos.