Un testimonio desde el infierno: reseña de “Nuestro hogar es Auschwitz” de Tadeusz Borowski

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Portada de “Nuestro hogar es Auschwitz”, Alba Editorial, 2004

 

 

La Segunda Guerra Mundial tampoco supuso una paralización de la producción literaria en Polonia. La guerra provocó el fallecimiento de muchos escritores, sin embargo, los que lograron sobrevivir estuvieron muy marcados por este periodo. De esta forma observamos un cambio importante en la literatura polaca- el experimento formal que ya no tiene cabida, deja paso a una naturaleza documental.

La poesía ha sido la primera respuesta, y en concreto la de Krzysztof Kamil Baczynski no se limita a narrar los hechos de la guerra, sino de trasladar los sentimientos a través de una visión personal subjetiva probablemente proporcionada por su participación en Armija Krajowa. Por otro lado, en la narrativa destaca la importancia de la fidelidad a los acontecimientos, la violación de principios morales más básicos durante la guerra. Esa fidelidad la observamos en Medallones de Z. Nalkowska que refleja la experiencia de la guerra y de los crímenes del nazismo, es una obra documentada que ha sido elaborada por la escritora tras formar parte de una comisión encargada de investigar los crímenes de guerra nazis. La autora huye de la tendencia psicológica de la cultura y considera que el lector no necesita la intervención del autor, sino la descripción de los hechos.

Esta tendencia de retratar los acontecimientos ha sido seguida por Tadeusz Borowski, que sin implicación activa en los movimientos de resistencia es arrestado y enviado a Auschwitz, donde pasó dos años, y después de la liberación a un campo de desplazados, (desde 1951 denominados con el término “displaced person” para los que se crearon los DP camp, y cuya descripción podemos encontrar en la obra de Boris Shyriaev DP en Italia). Vuelve a Polonia en 1946, y aplica todo su talento a narrar, con una escueta veracidad, sus experiencias de los campos de exterminio. Las nuevas autoridades soviéticas le reprochan la semejanza de sus obras con la “literatura depravada”, lo acusan de cinismo, de falta de patriotismo y de indiferencia moral. La actitud lejos de ser heroica suscitó muchas críticas. Según Iwaszkiewicz, Borowski ha sido el que mejor supo transmitir la experiencia de los campos. Borowski representa la antítesis del realismo socialista de inspiración soviética. El comportamiento de los prisioneros dista mucho de ser ejemplar, falta la figura del héroe comunista, del ruso bueno y, para colmo, tampoco se elogia la conducta de los presos polacos. Pese a todo, las autoridades culturales comunistas creen que el joven autor de Nuestro hogar es Auschwitz posee las condiciones adecuadas para formarse en la nueva fe. El 31 de mayo de 1946, el escritor regresa a su país para colaborar en la construcción de la República Popular de Polonia. En 1948 ingresa en el Partido Comunista, al tiempo que publica Adiós a María. En este periodo el autor ha comenzado una exitosa carrera periodística como propagandista del régimen comunista. Su apoyo a las nuevas autoridades incluye, además, colaboraciones esporádicas con la policía política. En las últimas semanas de su vida, su gran obsesión es el poeta Vladimir Maiakovski, que terminó con su vida a causa de la desmoralización que le provocó su continuo acoso por determinados sectores del partido.

Hay autores en los que vida y obra son difícilmente separables. El caso de Borowski es singular, en él es la muerte y no la vida, lo que se identifica con su obra. Constata que toda la realidad es jerárquica: un soplo de aire freso en un tren atestado de gente no tiene precio y la libertad –en sentido negativo, como no esclavitud- es cien veces más preciosa que la vida. Incluso antes de su experiencia en los campos, en 1942, publica su primer libro de poemas Donde está la Tierra, y en sus primeros versos se observa la presencia continua de la muerte, no como eco romántico, sino como horizonte real.

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Tadeusz Borowski (Fuente: Wydawnictwo Interpress)

Terminada la guerra, como si confirmara la tesis de Adorno sobre la imposibilidad de la poesía después de Auschwitz, Borowski decide narrar sus años de cautiverio y la huella que esta experiencia ha dejado en él. En sus relatos no existe el límite que separa lo real de lo artístico. El narrador es un prisionero privilegiado en el campo de concentración que se adapta a las condiciones impuestas. Lo impactante de la obra es la transmisión de los acontecimientos, de los episodios cotidianos de la vida del campo: la llegada de los trenes, la descarga de los judíos, el tráfico a la cámara de gas, un día de trabajo cavando zanjas, la brutalidad normalizada de guardianes y prisioneros, la necesidad de acostumbrarse a la atrocidad como parte del quehacer diario si se ha decidido contra todo pronóstico seguir viviendo. Nuestro hogar es Auschwitz transmite una experiencia de una forma muy real, y nos hace llegar la idea de la decadencia moral y de cierto conformismo por parte de los presos. Es importante destacar la estructura de la obra: los 8 primeros relatos tratan de la experiencia de Borowski en el campo de exterminio. Sus descripciones son descarnadas, sus juicios sobre los hechos- meticulosos. El universo del campo, perfectamente jerarquizado, es analizado minuciosamente. Aquí nos encontramos con otro dato interesante- la decisión del autor de mantener en el texto algunas expresiones del argot de Auschwitz. Los últimos 4 relatos tratan de la vida de los prisioneros al finalizar la guerra. En realidad son vivas representaciones de los últimos años de la vida de Borowski. En estos relatos son tratados temas como el deseo de venganza tras la liberación, el miedo a que vuelva a reproducirse la barbarie en Europa, la vuelta a Polonia y la persistencia del recuerdo, la falta de esperanza en la posibilidad de que el mundo recupere su inocencia.

Tratando la literatura polaca y obras cuyo denominador común es la experiencia personal en los campos y los excesos de los totalitarismos, resulta importante mencionar a Janusz Korczak. Entre sus obras no se encontrarán ni las memorias de los campos ni relatos que traten el tema de alguna forma, a pesar de haber estado en Treblinka. Es un escritor que dedicó su vida a una causa y falleció defendiéndola.

Ya al pedagogo soviético Vasiliy Alexandrovich Sujomlinski le impresionaron los trabajos de Korczak, y sobre todo su idea de que por el medio del cuento se puede curar a los niños, que han vivido la pobreza, la guerra, la condición de huérfano, y otos acontecimientos que irrumpen en sus vidas. Entre las ideas de Korczak es importante destacar una, que probablemente sea la más representativa de su trayectoria literaria: la guerra contra la guerra hay que empezar en las almas de los niños, no se puede permitir que la falta de igualdad y los sentimientos de venganza encuentren su sitio en los pensamientos infantiles. Sus ideas son conocidas en todo el mundo, cuando pasaron 100 años desde su nacimiento, UNESCO proclamó el 1978 como el año de Korczak.

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