Fabricando mundos ficticios que se tornan verosímiles: reseña de “La fábrica de Absoluto” de Karel Capek

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A principios del siglo XX la ciencia ficción alcanza su mayor momento de esplendor en Europa. Sin embargo, hay un autor que destaca por sus aportaciones al género de la ciencia ficción a nivel histórico e internacional. Me refiero a Karel Čapek, autor de La fábrica de Absoluto (1922), La Krakatika (1924), La guerra de las salamandras (1936), R.U.R. (1920) entre otras. En R.U.R. Čapek introduce por primera vez la palabra robot en el léxico de la ciencia ficción, acercando el género, así como “el mundo posible” a la vida real.

Karel Čapek describe en la mayoría de sus obras un proceso de decadencia de una sociedad a modo de aviso sobre un uso inadecuado de la tecnología. En cuanto a La fábrica de Absoluto se trata del descubrimiento de un carburador con capacidad de generar energía atómica utilizando pequeñas cantidades de materia como combustible. En una sociedad con creciente mentalidad capitalista es de gran actualidad la cuestión sobre el origen de la energía en el momento en el que cesen las fuentes de energía tradicionales. Por lo tanto, uno de los motivos literarios principales es el de la producción de beneficios sin reparar en las consecuencias. El ingeniero Marek, el científico creador del invento, se desentiende de su creación; al conocer sus consecuencias se retira a un área que no tiene una alta probabilidad de verse afectada. No solamente no lo destruye u oculta, sino que lo cede al señor Bondy, presidente del Consejo de Administración de las industrias Someta, Sociedad Metalúrgica, en plena crisis del carbón.

El señor Bondy aprovecha el milagroso invento a pesar de que tiene un considerable efecto secundario- al realizarse la combustión de la materia se queda liberada la sustancia divina que ésta contenía. El Absoluto tiene unos efectos residuales sobre los que están alrededor del carburador- las personas realizan milagros, sufren éxtasis religiosos, etc. Sin embargo, los carburadores generan energía sin apenas costes de producción, razón por la que se distribuyen a nivel mundial. Es clara la referencia a las teorías de Spinoza sobre que Dios forma parte de la materia, también conocido como “materialismo” spinozista desarrollado a partir de la segunda Parte de la Ética hasta la Proposición 20 de la quinta Parte. Spinoza separa el cuerpo del alma- mentis durationem sine relatione ad corpus pertinent (Ética, V. 20). De modo que la estructura del alma no está ligada a la duración del cuerpo, el destino del alma consiste en conocer a Dios que la creó.

Las ideas de Spinoza a su vez han sido influenciadas por las doctrinas de Giordano Bruno. Éste filósofo defiende en el segundo Diálogo De la causa, principio y uno que el espíritu infinito está presente en toda la materia. En el tercer Diálogo se demuestra la existencia de una sola materia absoluta e indivisible. Por lo tanto, aunque Karel Čapek tome las consideraciones de estos filósofos, indudablemente aporta sus propios matices creativos: en La fábrica de Absoluto el Absoluto no es uno solo e indivisible. Cada Absoluto que surge al efectuarse la combustión de la materia es individual, por lo tanto a medida que los carburadores se multiplican, crece el número de los Absolutos, generando adeptos a nivel mundial. El conflicto surge cuando cada grupo de adeptos pretende defender la verdad absoluta de su Absoluto. Por lo tanto, podemos establecer otro motivo literario que consiste en la defensa del hombre de cualquier despotismo, ya que el autor, al reducir los conflictos religiosos al absurdo, demuestra que no existen los valores absolutos.

Sin embargo, una de las características que tienen las obras de Čapek consiste en su anticipación a los hechos, es decir, en la capacidad de crear mundos ficticios que con el tiempo se tornan verosímiles y, en el caso de La fábrica de Absoluto, muy actuales. Desgraciadamente se han cumplido las alegorías sociopolíticas y las profecías del escritor en cuanto a la Revolución Rusa y la Segunda Guerra Mundial; incluso a comienzos del siglo xxi la sociedad puede verse reflejada en esta obra. Los conflictos religiosos no han cesado, y la sociedad se sumerge cada vez más en una actitud generalizada hacia el progreso científico y tecnológico como si de un objeto de culto se tratara.

En un mundo en el que el desarrollo tecnológico avanza más rápido que el desarrollo humano tanto intelectual como físico es inevitable que el ser humano sienta tentación de deshacerse de determinadas tareas. Ya sea mediante la adjudicación de éstas a otros (robots en R.U.R. y salamandras en La guerra de las salamandras) o utilizar la tecnología en beneficio propio sin tener en cuenta las consecuencias (La fábrica de Absoluto). El móvil para semejante uso de la tecnología puede derivar del ideal filantrópico de hacer el bien, no obstante, tal como nos enseña Karel Čapek, el ser humano no debe asumir más poder del que dispone. El ser humano no puede asemejarse al Creador ni siquiera para alimentar a las masas mediante el signo bíblico de multiplicación de trigo en R.U.R. o de café en el capítulo VIII  de La fábrica de Absoluto: “El pasado domingo había varios centenares de personas en la draga y en las dos orillas, y vean ustedes, nuestro café se multiplicó de tal suerte que hubo para todos, ¡y qué café!…”.

En este punto del análisis surge una serie de preguntas: ¿debe el ser humano silenciar su espíritu inconformista? Si atendemos al axioma de la causalidad de Spinoza, ¿es posible justificar una causa con los beneficios del efecto? Son las eternas preguntas a las que la literatura en su conjunto intenta dar respuestas, y en especial el género de ciencia ficción crea los mundos posibles para probar conjeturas, entre otras finalidades. La ciencia ficción se ocupa de una realidad que circuncida al hombre, a pesar de que los conceptos de verosimilitud y mímesis sean diferentes de los intereses estéticos dieciochescos. No es de extrañar que una gran parte del interés estético esté enfocado hacia el desconocido futuro para el que también son aplicables las eternas preguntas.

Por lo tanto, siguiendo ésta línea de reflexión en la que Čapek posiciona al lector, resulta realmente sorprendente la actualidad de los principales motivos literarios que plantea en La fábrica de Absoluto. La defensa del hombre de los despotismos y totalitarismos, y la persecución de beneficios de producción confluyen en el elemento temático supremo de la advertencia sobre las consecuencias posibles de un uso desmedido de la ciencia y la tecnología. La poética de Karel Čapek muestra la presencia de este elemento temático en sus obras, buscando una reflexión en los lectores.

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