Narrar una vida: reseña de “Tres desconocidas” de Patrick Modiano

20160225-679754917

“Vivire c´est s´obstiner à achever un souvenir”

René Char

¿Cuántos de nosotros somos capaces de definir lo que somos sin recurrir a la ocupación profesional? Si tuviéramos cincuenta páginas para narrar nuestra vida, nuestra historia, ¿qué contaríamos? Ya lo dejó patente Hayden White: no existe una fórmula para contar una historia, el relato siempre es selectivo. No obstante, la variable espacio-temporal condiciona cualquier narración -por muy subjetiva que sea-, y la poética de Patrick Modiano lo corrobora.

Tres desconocidas (Anagrama, 2016) ha sido publicada por primera vez en 1999 con el título de Des inconnues, es decir, Las desconocidas,- matiz semántico mantenido en la traducción de 2001 de la editorial Debate. Es una novela fragmentaria con tres historias independientes entre ellas, unidas por la forma, el anonimato de las narradoras y las referencias espacio-temporales: la Francia de los años sesenta. Al igual que sus protagonistas, Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1945) vivió su adolescencia durante aquel difícil momento histórico, que condicionó tanto los destinos humanos. La influencia del entorno en la formación de la personalidad durante la adolescencia es innegable: aprehendemos de todo lo que nos rodea y en contadas ocasiones aprendemos de los errores ajenos. En este claroscuro juego, cuyo macabro objetivo es la búsqueda de la identidad, el espacio actúa como molde del alma humana.

Los relatos autobiográficos femeninos se centran en los años de la adolescencia de las protagonistas. Las tres narraciones son retrospectivas, contadas desde el recuerdo personal de ser, desde aquellos sucesos y relaciones que han sido cruciales para el desarrollo de una identidad. En el fluir continuo de la vida, el lector irrumpe en el delicado momento en el que una personalidad adolescente muda a una adulta: las tres chicas recorren su camino sin compañía paterna. Unos personajes humanos, verosímiles y tan logrados solamente han podido salir de la pluma de alguien con una sensibilidad inasequible para la mayoría de los mortales. Es realmente única la intensidad de las emociones que provoca el contacto con los pequeños grandes dramas personales que habitan la prosa de Modiano. Es una intensidad modianesca.

La primera historia pertenece a una joven, cuyo sueño de convertirse en maniquí la lleva a París. En la ciudad, sola ante las adversidades que aguardan el frágil alma adolescente, la protagonista contacta con una mujer a la que conoció en España y cuya influencia supone un punto de inflexión en su vida. El lector es testigo del proceso de formación de una personalidad en función de los sucesos ocurridos, de las relaciones interpersonales mantenidas… son los pequeños detalles en los que apenas reparamos los que determinan el rumbo. La protagonista que narra su historia desde un punto en el que su vida está compuesta por unas “tardes vacías”, en las que es inevitable preguntarse por el aspecto que tendrían actualmente sus tardes si las cosas fueran de otro modo.

El segundo relato es el más intenso de los tres, debido en gran parte al prometedor perfil de la protagonista: se trata de una chica que se fuga del internado, que nunca ha conocido el amor de una familia y que tiene un trauma por la ausencia de la figura paterna. Confiesa que “era el verano de mis diecisiete años”, un momento marcado por la incertidumbre, en el que “ya se había acabado para mí esa temporada en que todo está en el aire, en que estás en las lindes de todo, un poco como en una sala de espera”. Independientemente de las circunstancias personales del público lector, se crea un vínculo de empatía con la protagonista a través de la sensación de inseguridad, soledad y por ende- de debilidad humana. Y es la empatía la que le añade el reconfortante matiz de justicia al trágico final de esta historia.

La tercera y última protagonista llega a la capital francesa desde Londres. Un viaje improvisado, motivado por la amable oferta de un artista de quedarse en su apartamento parisino durante su ausencia. El gratuito alojamiento se encuentra situado cerca de un lugar que marcará la estancia de la joven de un modo aterrador. Mientras su existencia se vuelve insoportable, la protagonista se aferra a la monotonía de los sucesos rutinarios que aseguran que las cosas siguen siendo iguales, o en otras palabras, no empeoran: “Allí en el café, todo se repetía con la exactitud de un sistema de relojería”. En ese momento de inseguridad y soledad, la narradora conoce a un hombre que pertenece a una secta: “le contesté que sí. Para dejar de estar sola, está una dispuesta a lo que sea”. Se trata de una historia que muestra lo influenciable que es una persona sin una identidad definida.

Lo que emerge de las páginas de la obra es lo que caracteriza la creación literaria de Modiano: la búsqueda de la identidad, la nostalgia, la memoria. “Para adentrarse en la complejidad de toda la identidad, Modiano ha trabajado duro toda su vida, siempre con el estilo de un investigador privado, de un indagador constante en lo oculto y lo sombrío”,- fue como ha definido esta singular capacidad de recrear un pasado Enrique Vila-Matas en su reportaje sobre la “Trilogía de la Ocupación” de Modiano.

Se han escrito innumerables libros sobre la teoría de la creación literaria con el fin de desvelar el misterio de la construcción de la ficción a partir de una realidad conocida. Sin entrar a valorar el tipo de género literario al que pertenecería, una vida, un pasado no dista demasiado de la ficción literaria- continuamente hacemos uso de expresiones como “pasar página”, “cerrar un capítulo” o poner un “punto y aparte” para referirnos a las situaciones cotidianas. ¿Cómo contaríamos la historia de nuestra vida? Suponiendo que a posteriori no todos los momentos de una vida tienen el mismo valor, ¿qué es lo que les aporta ese valor añadido para que años después los repasemos en nuestra memoria?

La prosa de Patrick Modiano supone un universo paralelo con personajes muy humanos. El desarrollo de sus vidas hace que nos cuestionemos nuestro propio camino, que nos planteemos qué es lo que nos define e identifica. Me queda aplaudir la acertada comparación con la que la Academia Sueca calificó la creación literaria de este premio Nobel francés: “el Proust de nuestro tiempo”.

SKMBT_C25316022918540

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s